“Se me encendió una luz”

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Anne Mullens

En el otoño de 2015 recibí una llamada telefónica que me impactó y cambió mi vida. Era del consultorio de mi médico, informándome de que mi reciente resultado de glucemia en ayunas era de 5,7 mmol/litro (103 mg/dl). “Tienes prediabetes”, me dijo mi médico.

¿Cómo era siquiera posible? Llevaba escribiendo sobre la diabetes de tipo 2 durante más de 25 años. Sabía todo al respecto, y no encajaba en el patrón de riesgo típico. Tenía un peso normal y saludable: 65 kg (143 lb) y medía 165 cm (5’6 pulgadas), lo que me daba un IMC de 23, nada mal para una mujer de 57 años.

Hacía ejercicio y pesas al menos tres veces a la semana y andaba al trabajo y de vuelta a casa a diario, siempre llegaba a 10.000 pasos al día. Llevaba la alimentación baja en grasas recomendada, con muchos cereales integrales, frutas y verduras. Evitaba la grasa con tanta dedicación que siempre ponía leche descremada insípida en el café de la mañana y comía pechugas de pollo secas y sin piel. Lo hacía todo porque de verdad creía que era mejor para mi salud a largo plazo.

Ahora sé que estaba equivocada.

Buscando una alternativa

Después de esa llamada telefónica busqué en la literatura médica, algo que siempre hago al investigar una historia de salud. Quería aprender más sobre el 20 por ciento de los diabéticos de tipo 2 que tienen un peso normal. Aprendí que el riesgo de diabetes de tipo 2 no es tanto por el exceso de peso, sino por la resistencia a la insulina subyacente.

Investigar la resistencia a la insulina me llevó al trabajo del Dr. Jason Fung, lo que me llevó al Dr. Andreas Eenfeldt y a Diet Doctor.

El sitio de Diet Doctor me dejó alucinada. Pasé horas analizando toda la fantástica información: los artículos y enlaces del blog, las entrevistas con expertos y sus respuestas a las preguntas, los enlaces a nuevas investigaciones, las películas, las historias inspiradoras de personas que habían cambiado su salud.

Y se me encendió una luz: lo más probable es que haya estado reaccionando mal a los carbohidratos toda mi vida.

La intolerancia a los carbohidratos explica casi todos los problemas de salud que tuve: el SII, el síndrome del ovario poliquístico, las oscilaciones de azúcar en sangre cuando sentía que me desmayaría si no comía en ese mismo momento, la diabetes gestacional en el límite en dos embarazos y mis dos enormes bebés de más de 4 kg (9 lb). Por otro lado, la solución fue muy clara y simple: adoptar una dieta cetogénica.

Eliminé toda la harina, pan, papas, arroz, galletas, pasteles, galletas saladas, incluso la mayoría de las frutas, excepto los arándanos, las frambuesas y las fresas. Mis carbohidratos provienen principalmente de verduras de hoja verde y de superficie.

Compré Ketostix para comprobar si estaba en cetosis. Lo estuve en una semana; a las tres semanas mi nivel de azúcar sanguínea se había normalizado y había perdido 5 kg (10 lb).

Mejor aun, me sentí genial: con la mente despejada, sin enfadarme por el hambre, llena de energía, con los músculos fuertes y apenas notaba el SII.

Los beneficios inesperados que atribuyo a la dieta también aparecieron en pocos meses: las articulaciones me dolían menos, los músculos no estaban tan doloridos después de un duro entrenamiento, no había tenido una migraña desde que cambié de dieta y tenía la piel más flexible: tuve que usar menos crema hidratante incluso en el frío invierno canadiense.

Había estado negando a mi cuerpo la grasa que necesita durante casi 30 años, y volver a añadirla fue como lubricar por fin una vieja máquina oxidada. A mi cuerpo le encantaba.

Lo admito, mi antiguo miedo a la grasa fue el mayor obstáculo con la dieta keto. A fin de cuentas, había escrito cientos de artículos en mi carrera citando a destacados expertos en salud que decían que la grasa era el enemigo y que comer bajo en grasas era la única forma correcta. Me siento culpable ahora por haber ayudado a difundir el mensaje de la dieta baja en grasas durante tanto tiempo.

Ahora me siento motivada y entusiasmada de ayudar a más personas a lograr una mejor salud y sentirse bien comiendo bajo en carbohidratos y ALTO en grasas. Desde que escribí sobre la corrección de la prediabetes comiendo bajo en carbohidratos para Reader’s Digest, he estado enseñando a amigos y familiares sobre la dieta y creando y adaptando recetas. Siempre digo “Si no te sientes bien con esta dieta, puede que no sea la adecuada para ti”. Pero casi todos a los que les he enseñado a usarla o les he mostrado Diet Doctor me envían un correo electrónico agradeciéndome que les ayudara a sentirse mucho mejor.

Ahora llevo con la dieta cetogénica 18 meses, y nunca volveré a mi antigua forma de comer. Sigo todos los consejos, y funciona. Como cuando tengo hambre y paro cuando estoy llena; mi comida es sana, natural y me sacia. Estoy fuerte, en forma y esbelta. Mi salud está mejor que en años, nada mal para una mujer cerca de los 60.

Y sí: la crema en el café y la piel crujiente de pollo saben de muerte.


Anne Mullens

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