Un nuevo lugar para vivir

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“Es una 22 amplia. ¿Crees que te vale?”. Mi madre estaba sosteniendo lo que parecía un gran par de pantalones y gritaba a tres estantes de ropa de distancia para llamar mi atención. Yo quería meterme debajo del montón más cercano de ropa y esconderme. En silencio, fui hacia ella y murmuré: “Mujeres. ¡La W es que es una talla para mujer (women en inglés), no amplia (wide en inglés)!”.

“Bueno, ¿crees que te valdrán o no? No puedo encontrar una talla 24 amplia”. Dijo mientras me daba la talla 22 W. Los agarré y me dirigí al vestidor. Tenía 18 años y compraba ropa para una entrevista para la beca de la universidad.

A diferencia de la mayoría de las jóvenes de 18 años que adoraban comprar ropa en el centro comercial, a mí me aterraba. Vivíamos en una zona rural y el centro comercial más cercano estaba al menos a 45 minutos en coche. Era el único lugar donde podía comprar. De 84 tiendas diferentes del centro comercial, había una tienda que tenía ropa de talla grande. Mi vestuario siempre se limitaba a lo que tenían que ofrecer y a lo que podíamos pagar. Su ropa era notablemente más cara que las tiendas convencionales que vendían ropa de tamaño típico que a menudo se llamaba “talla de señorita”.

Mi madre había estado tratando de ayudarme a comprar, pero odiaba cuando se refería a la “W” de la etiqueta como “Amplia”. Siempre la corregía e insistía en que la “W” no representaba la palabra “Amplio”, sino “Mujer”. Ella nunca discutió conmigo, pero ambas sabíamos que “Amplia” era una descripción más precisa de la talla que usaba. Aunque despreciaba esa talla “W”, también la buscaba desesperadamente. Si entrábamos en unos nuevos grandes almacenes, mis ojos se fijaban en las tallas de directorio que a menudo cuelgan del techo en varias secciones de tiendas de ropa: “Pequeña”, “Prenatal”, “Señorita”, “Joven” eran todas comunes, pero encontrar la “W” era más difícil.

A medida que continué usando tallas grandes como adulta y en la mediana edad, la industria de la ropa finalmente amplió su mercado. La mayoría de los grandes almacenes ahora llevan una sección con la etiqueta “Grande”, “Figura plena”, “Con curvas”, o aún la “W: “Women”. Durante décadas busqué señales en las estanterías o en las etiquetas de la ropa para asegurarme de que me valdrían. Aprendí a buscar la seguridad de la sección de ropa más grande y evitar las tallas más pequeñas de las demás. Una vez, cuando estaba en París, me aventuré en una tienda de ropa con la esperanza de poder encontrar una sección de ropa más grande. Encontré una prenda que pensé que podría valerme y pedí probármela. El asistente me arrebató el vestido de las manos y me gritó que yo era demasiado “gros”. “Gros”, en francés significa gordo. Sabía lo suficiente de su idioma para salir rápidamente de la tienda. Lloré mientras me apuraba a salir.

Desde ese momento en adelante, fui extremadamente cautelosa para solo usar mis tallas, mi propio barrio de compras. Como una forastera de fuera de la ciudad, ni siquiera miraba hacia los tamaños más pequeños. Esa no era mi comunidad. Yo no pertenecía allí. Era un ambiente hostil incluso cuando los empleados sonreían. Esa ropa no me valía. Así como la sección “Amplia” era una pequeña parte de una tienda más grande, mis opciones de ropa eran muy limitadas y estaban limitadas aun más por mi altura “pequeña”. Cuando encontré la primera sección de ropa con la etiqueta “Mujer pequeña”, ¡estaba exultante! La ropa era lo suficientemente amplia y corta. Por primera vez en mi vida nadie tuvo que recortar las mangas ni acortar el dobladillo. ¡Por fin podría comprar con todos los requisitos de ropa que me vale! Encontré mi hogar, mi vecindario, mi especie.

Aun así, las tiendas de moda, en las que compraban la mayoría de mis amigas nunca tenían tallas grandes. Una vez, durante un “Día de chicas”, mis amigas y yo pasamos todo el día de compras. Gran parte del día fuimos en diferentes direcciones. Después de haber encontrado dos tiendas con tallas grandes, me limité a comprar zapatos, artículos para el hogar y alimentos gourmet. Por lo general no me aventuré en las tiendas de moda con ellas porque no me valía la ropa. Cuando lo hice, vi que las tres se lo pasaron genial agarrando sus nuevas prendas favoritas e incluso fueron capaces de intercambiar tallas entre ellas en el probador. Todo lo que podía hacer era esperar en la puerta del vestidor y mirar.

Comenzando con la dieta keto

Cuando comencé una dieta cetogénica en junio de 2013, vestía pantalones y vestido de talla 24 W y camisas 3XL. Por fin tenía algunos sitios donde comprar. Sabía qué tiendas tenían mis tallas y solo iba a ellas, ¡pero en 6 meses el tamaño más pequeño de las tallas grandes comenzó a ser demasiado grande! Durante la temporada de Navidad, la temporada de compras más concurrida del año, estaba perdida. Me preguntaba si los “tamaños típicos” podrían valerme, pero me ponía nerviosa intentarlo. Después de preguntar en voz alta a mi esposo si podría comprar fuera de mis límites de tallas grandes, me animó a intentarlo. Yo dudé. Me metió en el auto y me llevó a una de mis tiendas locales favoritas, que tenía tanto tallas grandes como de señoritas. Me quejé diciendo que esas ropas más pequeñas jamás me iban a valer. Agarró un suéter rosa que me llamó la atención desde la puerta de la tienda e insistió en que me lo probara. ¿Un suéter? ¿Un suéter ajustado? Me llevé la talla más grande del estante al vestidor. Entré. Lloré.

Desde ese día de diciembre, dejé la seguridad del antiguo barrio “W”. Me llevó casi un año aventurarme en nuevas tiendas y nuevos estantes de ropa. Necesité mucha valentía para probarme tallas más pequeñas. A veces, una mujer francesa en mi cabeza gritaba: “¡Eres demasiado gros!”. En esos días me llevaba al menos tres tallas de cada prenda al probador. La mayoría de los días estaba eufórica de salir con la más pequeña de las tres. Comprar ahora es mucho más divertido e incluso puedo comprar con amigas y compartir ropa. Algo que nunca había hecho antes.
La Navidad pasada, mi esposo y yo estábamos terminando nuestra lista de compras en un enorme centro comercial. Había pasado demasiado tiempo probándome ropa y saboreando la posibilidad de entrar a cualquier tienda y encontrar ropa que me quedara bien. Mi esposo había estado llevando obedientemente bolsas al auto como mi Sherpa. Cuando nos íbamos, mis ojos escanearon en busca de más tiendas en las que quizá me gustaría comprar. Y ahí, justo en frente de mí había una tienda minorista propiedad de la cadena de tiendas de mis días de escuela secundaria. Esa única tienda, la única tienda que tenía tallas grandes cuando era adolescente, había crecido a miles de tiendas minoristas. Las lágrimas brotaron antes de que incluso las entendiera. Mi esposo, que estaba prestando atención al loco tráfico de las compras, detuvo el auto y me preguntó: “¿Qué sucede? ¿Estás bien?”. Había pasado de ser una esposa sonriente y atractiva a una mujer llorando desagradablemente.

“¡Esa tienda justo ahí”, señalé. “¡Esa solía ser la ÚNICA tienda donde podía comprar!” David siguió mi gesto, y me preguntó, con no poca confusión: “¿Quieres ir allí?”. Lloré más fuerte. “¡No, nunca quiero volver allí! No tengo que hacerlo. ¡Puedo ir a cualquier sitio! ¡Ahora puedo ponerme la ropa de cualquier tienda! ¡Estoy muy agradecida!”. Y continué sollozando. Mis lágrimas fueron una oleada de gratitud y arrepentimiento. ¿Por qué no había sabido durante todos esos años lo malo de mi forma de comer? Nadie quiere ser obeso, sin embargo, nunca pude resolverlo. Al final lo hice. A la vez que estaba agradecida, lamenté los años y las experiencias que me perdí.

Finalmente, puse en orden las palabras y le dije a mi esposo, “Cariño, estoy bien. No estoy realmente triste. Estoy agradecida. Estoy feliz. Finalmente tengo opciones. Ya no tengo una talla Amplia. Vamos a casa”.


Kristie Sullivan

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