Un nuevo y profundo análisis refuta el miedo a la grasa saturada

Mantequilla

¿Nos ha llevado la hipótesis de dieta-corazón a una senda de mentiras y problemas de salud? Una nueva editorial en el BMJ EBM deja entrever que así ha sido.

La hipótesis de dieta-corazón se remonta a la década de 1950, cuando Ancel Keys afirmó que la grasa alimentaria, sobre todo la grasa saturada, causaba cardiopatías. La idea se infiltró en las recomendaciones de nutrición del gobierno, y es convirtió en la norma habitual de prevención para la salud, junto con el tratamiento y prevención de las cardiopatías. El problema es que no hay evidencias científicas que la respalden y, después de cuatro décadas, no nos es útil.

Tal y como los autores, los Dres. DuBroff y de Longeril, señalan en su editorial basada en evidencias, la mayoría (no todos, pero sin duda la mayoría) de los estudios y metanálisis publicados muestran que NO existe una asociación entre el consumo de grasa saturada y episodios cardiovasculares agudos o fallecimientos. Además, la desafortunada consecuencia no deseada de promover los alimentos bajos en grasas como “saludables” fue lo que creó generaciones de personas con ansias de azúcar y carbohidratos. A la larga, es probable que esto haya aumentado las tasas de obesidad, de síndrome metabólico y otras consecuencias negativas para la salud.

Lo más desconcertante es que no es un secreto. Los estudios y metanálisis que contradicen la hipótesis de dieta-corazón están publicados a la vista de todos. Además, los datos observacionales muestran claramente que un enorme aumento de las tasas de obesidad y diabetes coinciden con las recomendaciones de comer bajo en grasas.

Entonces, ¿por qué las instituciones de salud más reconocidas siguen promoviendo la hipótesis de dieta-corazón como si fuera cierta?

El autor presenta un par de conjeturas:

  1. Sesgo de confirmación: prestar atención solo a los estudios que confirman las creencias mayoritarias mientras se ignoran los demás.
  2. Centrarse en los resultados equivocados: el colesterol LDL es la referencia más común para el riesgo cardiovascular. Pero el LDL no existe de forma aislada, y su contribución a las enfermedades cardiovasculares depende del colesterol HDL, los triglicéridos y la salud metabólica preexistente. Además, supervisar los cambios en el colesterol LDL como una sola variable no refleja la complejidad de predecir cardiopatías o fallecimientos.

Sin importar la razón exacta a la que se debe la confusión acerca de la grasa y la grasa saturada, nosotros seguiremos analizando todas las evidencias, todas las consecuencias no deseadas y promoviendo la salud metabólica como el pilar fundamental para la salud en general. El conjunto de las evidencias no sustenta que la grasa saturada sea un nutriente del que haya que preocuparse, especialmente cuando va acompañada de una estilo de vida bajo en carbos saludable.

Gracias por leernos,
Dr. Bret Scher, FACC

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