No es nada nuevo: las grasas lácteas son beneficiosas para la salud

Dos botellas de leche fresca con pajitas azules

En los EE. UU., a nuestros hijos no les dan leche entera en la escuela pública. Hay muchas leches con chocolate y descremadas, pero no hay leche entera. Podemos “darle las gracias” a las recomendaciones alimentarias por esa política. Uno podría suponer que para hacer una recomendación así de radical y trascendente, tiene que haber evidencias concluyentes que documenten el daño de los lácteos enteros. Eso dista mucho de ser cierto.

De hecho, hay cada vez más evidencias de que el consumo de lácteos, incluso lácteos enteros, no es dañino y puede incluso ser beneficioso para la salud. Para ser justos, estos estudios suelen ser débiles, estudios observacionales y sufren de variables de confusión, sesgos de usuario sano, cuestionarios de frecuencia de comida y otras insuficiencias metodológicas. Aun así, incluso las débiles evidencias deberían ser suficiente para cuestionar una recomendación que no tiene un evidencia de mejor calidad para fundamentarla.

Sin embargo, algunos de estos estudios usan los niveles en sangre de determinados ácidos grasos (que están definidos según el número de átomos de carbono (C)), específicamente ácido laúrico (C12), ácido mirístico (C14), ácido palmítico (C16) y ácido esteárico (C18). Este método proporciona una estimación más precisa del consumo de ácidos grasos porque es una medida objetiva en vez de una estimación basada en cuestionarios subjetivos de frecuencia de comida (y a menudo inexactos). Sin embargo, la comida normalmente contiene una combinación de ácidos grasos, así que las mediciones de la sangre no pueden estar directamente vinculados a la fuente, al consumo de lácteos o a la carne con una precisión del 100 %.

El estudio más reciente en The International Journal of Cardiology evaluó datos de dos estudios diferentes, uno del Reino Unido y uno de Dinamarca. Incluyeron a más de 77.000 personas y duró entre 13 y 18 años. Los investigadores intentaron correlacionar los niveles en sangre de diferentes ácidos grasos saturados y el riesgo de ataques cardíacos. Llegaron a la conclusión de que niveles más altos de ácidos grasos saturados de cadena corta, ácido laúrico y mirístico están asociados con un descenso del riesgo de enfermedad cardiovascular. También llegaron a la conclusión de que los ácidos grasos saturados de cadena larga, el ácido palmítico y el esteárico no tenían efecto (en una población del Reino Unido) o estaban asociados con un aumento muy ligero del riesgo (en una población danesa) de enfermedad cardiovascular frente a los participantes que comían más proteínas vegetales.

Pero hay que reconocer que los autores también han señalado las deficiencias en la interpretación de los datos.

Debido a la alta correlacción entre los ácidos grasos saturados, los estudios de cohortes observacionales por sí solos no bastan para responder a la pregunta de si los ácidos grasos saturados individuales tienen diferentes asociaciones con los infartos de miocardio o las enfermedades coronarias. También en nuestro estudio hay altas correlaciones entre varios subtipos de ácidos grasos saturados, lo que hace que no quede claro si las asociaciones observadas en nuestro estudio se corresponden con todos esos ácidos grasos saturados o representan la asociación de uno de ellos.

Este reciente estudio se añade a la creciente recopilación de datos que muestran que los ácidos grasos saturados y la ingesta de lácteos no son tan dañinos como informa con frecuencia.

Una reciente evaluación del estudio PURE mostró una asociación beneficiosa o neutral entre el consumo de lácteos y los episodios cardiovasculares y la mortalidad.

También el año pasado, una evaluación de 16 estudios de cohortes mostró una asociación entre niveles en sangre más altos de ácidos grasos como el ácido pentadecanoico y el ácido heptadecanoico, que es más probable que se encuentren en los lácteos, y un menor riesgo de diabetes, enfermedad cardiovascular y accidente cerebrovascular.

Este tipo de debate es cada vez más corriente. El consumo de grasa saturada puede aumentar el colesterol LDL y es por eso considerado “peligroso” incluso sin incriminar los datos sobre los resultados para confirmar el riesgo de daño. Desafortunadamente, esta forma simplista de pensar ignora el hecho de que las grasas saturadas también aumentan el HDL y pueden reducir los triglicéridos, mejorando así potencialmente ratios importantes de la salud del corazón como la proporción Apo B/Apo A1, la proporción de colesterol total/HDL y otros.

La aparición de estos nuevos datos muestra que los ácidos grasos saturados y las grasas lácteas tienen o bien una asociación neutral o beneficiosa con resultados de salud como extra adición positiva. Estos datos nos ayudarán a acabar con el pensamiento demasiado simplista y entender el auténtico impacto de la grasa en nuestra salud.

De forma personal, envío a mis hijos a la escuela con termos con leche con toda su grasa.

Gracias por leernos,
Dr. Bret Scher, FACC

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