¿Es importante desayunar para la salud del corazón?

Tres personas desayunando

Me encanta la escena de la película Deadpool en la que Coloso (el personaje de metal de los X-men) dice con su acento ruso: “Has desayunado, ¿verdad? El desayuno es la comida más importante del día”. Si lo dicen los X-men, será cierto, ¿no?

Claro que ahora sabemos que calificar el desayuno como la comida más importante del día fue una campaña de marketing sin ninguna evidencia de buena calidad que la respaldara. Por el contrario, sí hay datos científicos que indican que comer en intervalos restringidos de tiempo o hacer ayuno intermitente es beneficioso para mejorar la sensibilidad a la insulina, para bajar de peso e incluso para la longevidad, y comer bajo en carbos nos facilita ponerlo en práctica.

Las variaciones diurnas en la sensibilidad a la insulina (con evidencias que se remontan a la década de 1970, enlace en inglés) parecen indicar que un desayuno pequeño, un almuerzo abundante y saltarse la cena es la mejor forma de comer según ese punto de vista. No obstante, muchas personas (yo incluido) hemos decidido saltarnos el desayuno y tan solo almorzar y cenar, ya que esto se ajusta mejor a nuestros horarios. Por fortuna, uno de los beneficios de comer bajo en carbos es que el aumento de la saciedad (artículo en inglés) facilita mucho comer en intervalos restringidos.

Ahora se está hablando mucho de un nuevo estudio de JACC (enlace en inglés) como la evidencia de que saltarse el desayuno es nocivo ya que es la comida más importante del día. Lamentablemente, la calidad de la evidencia es tan deficiente que no aporta nada al tema, pero eso no ha evitado que hayan aparecido titulares como este:

La Vanguardia: Saltarse el desayuno aumenta el riesgo de muerte por enfermedad cardiaca

Como ya hemos dicho muchas veces, los estudios epidemiológicos nutricionales (enlace en inglés) que se basan en cuestionarios de consumo deficientes casi nunca proporcionan información que pruebe una causa y efecto. La mayoría de las veces los datos tienen deficiencias debido al sesgo del usuario saludable, a variables de confusión y a una pobre asociación estadística. Y este estudio no fue una excepción.

En él se afirma que las personas que no desayunaban tuvieron un aumento significativo del riesgo de mortalidad de causa cardíaca respecto a las que desayunaban con regularidad, a pesar de que no hubo una asociación con la mortalidad total. Sin embargo, el estudio también muestra que era más probable que las personas que nunca desayunaban también tuvieran diabetes, un IMC superior a 30, fueran inactivas físicamente y hubieran sido fumadoras en el pasado. Con tales de factores de riesgo, ¿es de sorprender que la mortalidad de causa cardíaca fuera mayor? ¿Qué otras características y actividades poco saludables presentaban? Es absurdo pensar que podemos controlar de forma estadística este tipo de diferencias.

No obstante, una de las partes más preocupantes del estudio es que los investigadores no especificaron el momento en el que comieron. ¿La gente que se saltaba el desayuno comía hasta medianoche y “almorzaba” a las 11 de la mañana? ¿Los que sí desayunaban terminaban de cenar a las 6 y desayunaban a las 10 de la mañana? Eso supondría una gran diferencia al interpretar los datos, pero no se proporcionó tal información. Por ejemplo, un estudio anterior (en inglés) que afirmó que saltarse el desayuno aumentaba los episodios cardiovasculares, en realidad mostró una mayor asociación en las personas que comieron tarde en la noche que en las que se saltaron el desayuno. Los detalles son importantes.

En definitiva, es otro estudio más que aparece en muchos medios, pero que no contribuye de forma significativa a un análisis científico o práctico de la salud. Desayunar no es mágico, y no hay evidencias confiables que demuestren que saltárselo sea dañino. A fin de cuentas, lo que debemos seguir haciendo es comer bajo en carbos, alimentarnos bien y solo cuando tengamos hambre.

Gracias por leernos,
Dr. Bret Scher, FACC

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