Arruinando el mundo, una bebida a la vez

pepsi

“¡Me la has arruinado!”. La voz quejumbrosa en el teléfono era de mi marido, que manejaba a casa desde el trabajo. “La arruinaste”.

No iba a pedir disculpas hasta saber qué había hecho, así que siendo poco compasiva, le pregunté: “¿Arruinado qué?”.

“Mi Pepsi. Esperé toda la semana para tomarme una, solo una. Bueno… He pensado todo el día en ella, la tenía en el refrigerador del trabajo y alrededor de las 3:00 de la tarde fui a por ella. Había estado pensando en ella todo el día y no podía esperar para disfrutarla. Sabes que amo la Pepsi, ¿no? ¡Sabes que SIEMPRE he amado la Pepsi!

Sí, quisimos servirla en el banquete de bodas porque a él le encantaba. Cuando estábamos saliendo, siempre tenía alguna en el refrigerador para cuando él venía. Después de casarnos, siempre aprovisionaba cuando había gaseosas de oferta. De hecho, me di cuenta de que las ofertas de gaseosas eran cíclicas. Aprovisionaba en todas las celebraciones principales: la Super Bowl, Semana Santa, Día de Conmemoración a los Caídos, 4 de julio, Día del Trabajo, Acción de Gracias, Navidad y Año Nuevo. Al parecer, las empresas embotelladoras cuentan con consumidores que compran gaseosas para reuniones y fiestas. Aprendí rápidamente cuántos cartones comprar para estar bien abastecidos hasta la siguiente oferta.

Incluso antes de comer bajo en carbohidratos me preocupaba las calorías por su hábito de tomar Pepsi. Yo tomaba las versiones “dietéticas”, así que no había “ningún problema”, ¿no? Para reducir lo que tomaba, comencé a comprar las gaseosas enlatadas tras darme cuenta de que él engullía una gaseosa de 2 litros en un día. Cuando tuve a mis hijos, no quería que bebieran gaseosas, así que él a menudo las tomaba en el trabajo. Teníamos un refrigerador pequeño en el garaje y más de una vez lo veía “limpiando” el garaje o trabajando en el jardín y agarrando una lata o dos mientras los niños no miraban. Los niños se dieron cuenta, así que a veces les permitíamos tomar un refresco como regalo, eso incluía cada vez que los abuelos venían.

Cuando mi esposo y yo pactamos que él siguiera una dieta muy baja en carbohidratos, su hábito de tomar Pepsi fue lo más difícil. De buena gana dejó el pan, a excepción de una vez que fuimos a cenar con amigos y él tomó su parte de la canasta de pan a pesar de mi mirada “deja-eso-ahora-mismo” de esposa. Él solo me miró a los ojos con la típica mirada de “intenta-pararme”.

De todos modos, la verdad es que renunciar al pan y a la pasta fue bastante fácil para él, pero vivir sin algo de azúcar era más difícil, especialmente sin Pepsi y Nutella. Dejar la Pepsi fue especialmente duro. Nuestro acuerdo fue que un día a la semana se daría el capricho de una lata de Pepsi. No era lo que prefería, pero el matrimonio lo hicimos a base de acuerdos.

“Arruinando” la Pepsi

Cuando me dijo que le había arruinado la Pepsi habían pasado unos meses tras empezar nuestra nueva “dieta”. “Está bien, entonces ¿qué quieres decir?”.

“Bueno, he estado pensando en esa Pepsi y guardándola para cuando pudiera saborearla. En el momento perfecto fui a buscarla. ¡Casi iba saltando por el pasillo! La llevé a mi oficina, cerré la puerta, abrí la lata, di un buen trago y pensé: “¡Puagg!”. Cariño, no sabía bien. ¡Era demasiado dulce! Probé a dar otro sorbo, y ni siquiera pude acabármela. La arruinaste. ¡Estoy muy enojado contigo!”.

Nunca me disculpé. No, me regodeé. Lo celebré. ¡Le felicité! Pasamos los siguientes minutos riéndonos de lo maravilloso que era eso. Fue un gran cambio para él. Y para mí. ¡Le había echado el ojo a una oferta de gaseosas para ese mismo fin de semana! Estaba indecisa cuando le pregunté: “Entonces… ¿ya no hace falta que te las compre?”. Respiró profundamente. Yo contuve la respiración. “No. No compres más. Ya no quiero. Puede que me ayude”. Solté un gran suspiro de alivio. La nueva “dieta” estaba funcionando, y él se había dado cuenta sin insistirle.

En mi propio camino bajo en carbohidratos, yo ya había dejado de tomar gaseosas dietéticas. Descubrí que el agua era lo único que satisfacía la sed que acompañaba a la pérdida de peso. Además, aprendí que cuando tomaba una bebida dietética de vez en cuando, a menudo tenía más hambre después. Fue solo al dejarlas durante varios días y luego reintroducirlas cuando pude notar la diferencia. Esas diferencias, menos hambre y una mayor pérdida de peso, hicieron que abandonar el hábito fuera fácil.

Cuando la gente me pregunta qué tomo, les digo: “Agua, café una vez al día, y tal vez una copa de vino ocasional o un cóctel bajo en carbohidratos” (¡los mojitos, martinis con limón y una margarita son mis favoritos!).

Casi siempre escucho “¡Nunca podría renunciar a las gaseosas dietéticas!”. Sonrío porque yo solía decir eso también. Luego pienso en la fuerte adicción que tenía mi esposo y les aconsejo: “Intenta tomar solo una al día. Tómala cuando creas que la “necesitarás” más. Una vez que puedas tomar solo una al día, observa cómo te sientes. Presta atención a cómo te sientes DESPUÉS de beberla. ¿Tienes más hambre después? ¿Estás más agitado? ¿Con más sed?

Por último, es posible que quieras plantearte pasar varios días sin tomar ninguna. Intenta pasar tan solo de tres a cinco días sin gaseosas. Luego, cuando las reintroduzcas, presta mucha atención a cómo te sientes. Si no notas diferencia, entonces puede que no sea un problema para ti. Lo que aprendí fue que las gaseosas dietéticas me hicieron tener más hambre después. Además, después de soportar un largo estancamiento, pude perder más peso al dejarlas”.

Más de una persona después me ha dicho: “Me dio mucha rabia cuando me dijiste que las gaseosas dietéticas podrían estar frenándome. ¡Mucha! Pero, tenías razón. Tan pronto como dejé de beberlas, bajé de peso. ¡Gracias, pero sigo estando muy enojado contigo por tener razón!”. Sonreí. Y lo celebro con ellos. Estoy aprendiendo a dejar de regodearme. Bueno, estoy tratando de dejar de regodearme, ¡pero nunca dejaré de felicitarlos por encontrar el camino hacia una mejor salud!


Kristie Sullivan

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Acerca de Kristie

Kristie Sullivan comenzó una alimentación baja en carbohidratos en 2013 después de luchar toda su vida con la obesidad.

A causa de su éxito personal, empezó a ayudar a otras personas para que aprendan a hacer de la alimentación baja en carbohidratos un delicioso estilo de vida. Abrió un canal en YouTube, Cooking Keto with Kristie (Cocinando Keto con Kristie), y publicó una colección de sencillas recetas cotidianas con bajos carbohidratos que se llama Un Viaje hacia la Salud: Un viaje que vale la pena hacer.

Kristie promueve una alimentación muy baja en carbohidratos que se basa en comer limpio. También tiene una página en Facebook que se llama Simply Keto y un grupo de Facebook cerrado que se llama “Low Carb Journey to Health (Cooking Keto with Kristie)”.

Kristie vive con su familia en la hermosa región de Sandhills en Carolina del Norte. Tiene un doctorado en Investigación Educacional y Análisis de Políticas de la North Carolina State University y trabaja en asesoramiento de educación superior, evaluación, investigación y acreditación.

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