Advertencias sobre la carne procesada no pasan la prueba de la ciencia

Tocino

Otro riguroso análisis de los estudios científicos sobre la carne procesada muestra que las evidencias son débiles e inciertas

Un nuevo reanálisis de los estudios científicos que relacionan la carne procesada y las enfermedades crónicas indica que los estudios que muestran una relación entre las dos son de muy baja calidad y sufren, como los autores explican, “riesgos importantes de que existan sesgos e imprecisiones”.

Esta conclusión no es una sorpresa, ya que se suma al reciente conjunto de análisis que sacudió el mundo de la nutrición. Estos análisis, publicados en Annals of Internal Medicine a principios de este mes, llegaron a la conclusión de que las recomendaciones de reducir el consumo de carne roja y carne procesada están basadas en evidencias de muy pocas garantías. Los investigadores que llevaron a cabo los análisis afirmaron que no hay forma de determinar cuáles pueden ser los riesgos o los beneficios de comer carne.

En ese sentido, este nuevo estudio, publicado el 17 de octubre en PLOS ONE, no solo contradice de forma similar décadas de recomendaciones alimentarias, sino que también critica la ciencia en la que se basan las recomendaciones nutricionales en general.

Al contrario que los estudios de Annals of Internal Medicine, el nuevo estudio no fue una revisión sistemática o un metanálisis de los estudios disponibles, sino una revisión de ese tipo de revisiones. Los ocho autores, todos de la Universidad de Copenhague, usaron dos métodos para evaluar la calidad de los estudios examinados.

El primer método, llamado AMSTAR, es un recurso muy usado, que está diseñado de forma específica para determinar la calidad de una revisión sistemática o de un metanálisis. Con él, los investigadores de este nuevo estudio descubrieron que las revisiones sistemáticas o metanálisis anteriores que relacionaban la carne procesada con las enfermedades crónicas eran de baja calidad. También hallaron que era menos probable encontrar alguna asociación cuanto mejor hubiera estado diseñado el estudio.

Uno de los criterios más importantes de AMSTAR es si los investigadores proporcionaron una versión pública de su plan de investigación antes de empezar a recopilar los datos. Ese tipo de planes limitan las oportunidades de los investigadores de “acomodar” los protocolos o los modelos para poder cambiar los resultados. Solo una de las 22 revisiones en este estudio lo hicieron. En las otras 21 revisiones, los investigadores no pudieron determinar si los autores originales se ajustaron a lo que mostraron los datos o se aseguraron de que los datos mostraran lo que querían. El hecho de que fueran tan pocos los estudios que usaron algún tipo de plan de investigación predeterminado indica que hay un fallo crítico en el modo en el que se realizan actualmente las investigaciones nutricionales.

El otro método usado por los investigadores en el estudio de carne procesada fue el sistema GRADE. Este sistema de gran prestigio y transparencia es el recurso más usado para evaluar la calidad de las evidencias usadas en la creación de recomendaciones. También fue el método utilizado por los estudios de Annals of Internal Medicine que causaron tal alboroto. El sistema GRADE es notable por el hecho de que los resultados de los estudios observacionales (estudios de casos y controles y cohortes) se consideran por defecto de baja calidad, un punto de vista con el que Diet Doctor está de acuerdo. La calidad de los estudios observacionales puede mejorar si los estudios son de la mejor calidad —sin problemas de confusión, con grandes magnitudes del efecto y una relación entre dosis y reacción coherente—, pero es algo poco frecuente en las investigaciones nutricionales.

En el análisis de la carne procesada, los investigadores que evaluaron revisiones sobre este tema indicaron que ninguno de los estudios cumplió los estándares. De hecho, como los investigadores explican, “la certeza del efecto estimado fue rebajada a un nivel muy bajo debido a un grave riesgo de sesgos o graves imprecisiones”.

Al igual que los estudios publicados en Annals of Internal Medicine, este estudio no dice que la carne procesada sea “buena para ti” o que debas comer más. Simplemente indica que la recomendación de reducir el consumo de carne procesada está basada en estudios de muy mala calidad y que las conclusiones son muy poco claras.

Puedes estar seguro de que en Diet Doctor hablaremos de la ciencia tal como es —como en nuestra reciente revaluación de la soya—, incluso si las conclusiones son incómodas para algunos de nuestros lectores. A fin de cuentas, los consejos que no estén basados en evidencias científicas fuertes probablemente no consigan resultados positivos para la salud, como ha sido el caso de los últimos 40 años de recomendaciones alimentarias de pocas grasas y muchos carbohidratos. En Diet Doctor pensamos que la gente se merece algo mejor.

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