¿Cuánta proteína debes comer para una vida más larga?

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Si nos creemos el informe engañoso y sesgado de EAT-Lancet, todos deberíamos reducir de forma drástica nuestro consumo de productos animales, con la consiguiente disminución en proteínas biodisponibles y completas. Aunque ese es un consejo probablemente equivocado, el debate sobre qué cantidad de proteína necesitamos continúa, especialmente cuando envejecemos.

La publicación de dos estudios discrepantes sobre los beneficios para la salud del consumo de proteína hace que el debate se acreciente.

Un artículo de prensa sugiere que necesitamos más proteína cuando envejecemos para combatir la disminución de fuerza muscular relacionada con la edad y la sarcopenia resultante. Cita estudios que sugieren que las personas que comen cantidades más altas de proteínas tienen menos enfermedades, menor discapacidad y mejor salud en general.

No hay dudas de que la sarcopenia relacionada con la edad contribuye a la fragilidad y discapacidad, pero no está claro si hay una cierta cantidad de consumo de proteína que pueda prevenirlo. La ingesta diaria recomendada es de 0,8 gramos por kilogramo de peso. Sin embargo, algunas personas recomiendan que algunas personas mayores necesitan un mínimo de 1,2 gramos por kilogramo, incluso mayores cantidades durante las enfermedades crónicas.

Pero un artículo totalmente diferente elogia la dieta de los okinawenses, ya que tienen la mayor probabilidad de vivir hasta los 100 años, con 68 centenarios por cada 100.000 habitantes (una tasa tres veces mayor que en los Estados Unidos). Eso a pesar de su alimentación baja en proteína y alta en carbohidratos. Los okinawenses están lejos de ser vegetarianos, ya que consumen de forma regular cerdo, pescado y otras carnes, pero la proporción de carbohidratos a proteína es de 10:1, con la mayoría de los carbohidratos procedentes de los camotes.

¿Cómo encontrar sentido a estos informes contradictorios? Uno afirma que necesitamos más proteína con la edad, mientras que el otro cita una población que ejemplifica una buena salud y longevidad con una dieta alta en carbohidratos y baja en proteína.

Necesitamos analizar de forma más profunda los estilos de vida, no tan solo mirar el consumo de macronutrientes. Para empezar, siempre que estudiemos una población local y aislada sin mucha integración con el mundo occidental, necesitamos tener en cuenta la genética. También necesitamos tener en cuenta el resto de su estilo de vida. En Okinawa, la mayoría de la gente local crece como trabajadores agrícolas que son activos y están en el exterior la mayoría del día. Comparados con sus homólogos industrializados, viven una vida de bajo estrés con conexiones comunitarias cercanas. Su comida es local, comida real sin chatarra procesada, y tienen menos posibilidades de comer en exceso con menos refrigerios y menos buffets de come-todo-lo-que-puedas. Todos estos factores tienen un papel en su salud más allá de las simples proporciones de carbohidratos y proteína.

La yuxtaposición de los dos informes subraya las variaciones individuales de las que dependen los puntos de partida de salud. En las sociedades industrializadas, es más probable que los individuos tengan sobrepeso, estén en una condición física mala y sean resistentes a la insulina. En ese contexto, son más propensos a enfermedades relacionadas con la edad, y el consumo añadido de proteína puede ser beneficioso para mejorar su salud y prevenir de discapacidad.

Sin embargo, las personas en sociedades como la de Okinawa empiezan desde un punto de partida mucho más saludable. Con su estilo de vida más activo durante toda su vida, su consumo de calorías más bajo y su estilo de vida más relajado, son mucho menos propensos a enfermedades del envejecimiento, resistencia a la insulina y obesidad. Así que para ellos la adicción de proteína puede no ser tan importante.

Cuando un informe como EAT-Lancet promueve una sola dieta mundial, lamentablemente subestima la variabilidad de las necesidades individuales. Algunas personas necesitan más proteína, mejor si es proporcionada de fuentes animales, y otros necesitan menos. Es el momento de alejarnos de la simplificación excesiva de la filosofía de “una dieta para todos” y entender que hay diferentes caminos para una salud sostenible.

Gracias por leernos,
Dr. Bret Scher, FACC

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