Como Alexandra le ganó la batalla a la anorexia

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Hace algunos años, la vida de Alexandra estaba patas arriba. Sentía que había perdido el control de su vida y, para sobrellevarlo, empezó a controlar de forma obsesiva lo único que creía que podía controlar, su peso. Se volvió anoréxica. A continuación, comparte sus momentos más difíciles y cómo consiguió salir adelante:

¡Hola! Me llamo Alexandra, soy una mujer de 36 años de la isla mediterránea de Chipre. Estoy escribiendo esto sentada en mi mesa, con una sonrisa en la cara y sensación de bienestar.

Esto habría sido un sueño muy lejano hace solo cinco meses.

En 2015 mi vida se puso patas arriba. Las cosas habían ido mal ya antes, así que, en cierto modo, mi descenso al caos era inevitable debido al estilo de vida que llevaba. Mi mayor secreto fue la anorexia, desencadenada por un sentimiento general de falta de control en mi vida. Estaba estresada por mis intentos de rendir al máximo, y sentí que todo se salía de control. Lo único que pensaba que podía controlar era el peso, lo que hizo que mi relación con la alimentación fuera muy poco saludable.

Dejaba de comer durante días, privando al cuerpo de nutrientes. Me obsesioné con el conteo de calorías, estaba encadenada al tabaco y hacía todo lo posible para reprimir el apetito. La mayoría de las cosas no iban bien y, aunque conseguía mis “objetivos” en la báscula, acababa dándome atracones de alimentos azucarados, ya que eran los intentos desesperados de mi cuerpo por conseguir algo de energía. No ayudó que fuera bastante golosa, así que me pasaba días esperando el siguiente “objetivo en la báscula” para poder recompensarme con un dulce. Por supuesto, una vez que pasaba la suficiente hambre para poder comer dulces, era como un alud, y el círculo vicioso continuaba.

Conseguí que nadie se enterara, incluida mi familia y mi pareja. No tardé mucho en empezar a desmayarme. En bares, en la calle… Una noche, estando sola en casa, me desmayé y me rompí un diente al golpearme con el suelo.

Entonces comenzaron los ataques de pánico.

El domingo 26 de abril de 2015, estaba sentada en casa con mi novio de aquel entonces, cuando, de repente, sentí que me estaba dando un ataque al corazón. Ocurrió muy rápido. No podía respirar. Vino una ambulancia para llevarme al hospital, donde me dijeron que no tenía ningún problema de corazón ni de pulmones, y me enviaron a casa. Tardé tres meses en salir de casa de nuevo después de eso. Acabé cautiva de la ansiedad. Empecé a tomar ISRS, y después los dejé de inmediato. Los ataques de pánico se convirtieron en algo común, me acompañaron durante la boda, la luna de miel y el inicio de mi vida de casada. La terapia ayudó, pero solo ligeramente.

En un momento dado, decidimos empezar a buscar un bebé, y eso fue suficiente para forzarme a dejar de fumar. Fui a un nutricionista para poder retomar el control de mi alimentación, y me recomendó una dieta de 1200 calorías al día que incluía todos los grupos alimenticios. El peso empezó a aumentar. Decidida a seguir haciendo lo que sin duda era una alternativa más saludable, perseveré, solo que ahora tenía graves problemas de imagen corporal. Empecé a evitar los actos sociales, avergonzada por tener el abdomen hinchado, lo que causaba que la gente me bombardeara con preguntas sobre si estaba embarazada. No lo estaba. Entonces, para colmo, nos diagnosticaron infertilidad de factor masculino. Además de ganar peso vertiginosamente, la ansiedad estaba peor que nunca. Para prepararme para la fecundación in vitro, probé de todo: meditación, yoga, paseos, salir a correr, terapia, ir al gimnasio, dejar los hobbies, estar en casa, salir. Nada funcionó. El amor por la vida desapareció, y un día me di cuenta de que podía entender por qué algunas personas optan por acabar con su vida. Eso me horrorizó.

La tentación de volver a no comer aumentó más que nunca.

Un día, un buen amigo que había tenido problemas de depresión, me habló de la dieta cetogénica. Yo era muy escéptica, pensaba que cualquier dieta que eliminara un grupo completo de alimentos debía de ser una simple moda. Había escuchado sobre ese tipo de dietas antes: “No comas grasa”, “No comas azúcar”, “No comas gluten”. “Tonterías”, pensaba yo. Pero mi amigo, el ermitaño que no podía salir de casa debido a la depresión, al igual que yo no podía salir debido a la ansiedad, mejoró, consiguió un trabajo y se independizó. “Lo haré como un intento a la desesperada”, pensé yo. No estaba de acuerdo con las dietas de moda, pero había leído sobre la dieta keto en los grupos de apoyo de la fecundación in vitro. Además, estaba desesperada.

Dejar el azúcar era mi principal preocupación. La glucosa me había ayudado varias veces a no desmayarme cuando me daban los ataques de ansiedad más fuertes. Me ayudó a que se recuperara el cerebro, ya estuviera en casa o en el hospital con goteo de suero para poder estar medio funcional. Tan solo pensar en dejar de darle glucosa al cuerpo me atemorizaba, pero decidí aguantar el tirón. Probablemente no podía ser peor que lo que había pasado antes. Así que busqué en Google sobre la dieta keto, investigué durante un par de meses leyendo todo lo que encontraba y finalmente encontré Diet Doctor, me subscribí y fui al supermercado.

Esto fue el día 3 de enero. Los ataques de pánico desaparecieron dos días después. La gripe keto fue tan leve que ni siquiera me di cuenta hasta que noté que me sentía algo somnolienta. Eso fue todo. Entonces recuperé la energía. La hinchazón desapareció, mostrando una figura que, aunque con 10 kg (22 lb) más que cuando tenía anorexia, no estaba nada mal. Por fin tenía cintura. La báscula no se movió, pero por primera vez en una década, me daba igual; la ropa me empezó a quedar mejor. Comía tres deliciosas comidas al día; comencé a cocinar en casa y me encantaba.

Cuando me sentí con la suficiente confianza, probé el ayuno intermitente. Fue de forma natural, y a diferencia de la inanición con la anorexia, ahora me sentía saciada y repleta de energía, con una claridad mental tan intensa que fui capaz de recuperar mi vida. La maravillosa comunidad de Diet Doctor me ayudó mucho respondiendo a cualquier duda, desmontando cualquier mito y ofreciéndome apoyo a cada paso del camino. Sonrío de nuevo, logro mis objetivos y por fin me quiero a mí misma. Ya no necesito excusas para estar en casa cuando me invitan a salir. Siempre hay algo que escoger en el menú y no siento que la comida dirija mi vida. ¡Incluso han desaparecido los antojos de dulces y refrigerios!

¡Ojalá hubiera conocido la dieta keto antes!

Comentario

Alexandra:

Felicitaciones por tu éxito, y ¡gracias por ser tan valiente y compartir tu historia con otras personas!

Tengo que añadir la advertencia de que la dieta cetogénica no ha sido estudiada de forma científica en personas con anorexia. Además, hay razones para creer que hay que tener algo de cautela.

Si el objetivo es comer suficientes alimentos reales bajos en carbos para saciarse y mantener un peso normal, entonces una dieta baja en carbos puede ser de ayuda para algunas personas con anorexia, como lo fue para ti.

Sin embargo, si el objetivo es principalmente evitar los carbohidratos (además de evitar otro tipo de comida) y bajar aun más de peso, entonces obviamente podría ser peligrosa. Hay que consultar con un profesional médico antes de probar una dieta baja en carbos. Descargo de responsabilidad.

¡Me alegra mucho que a ti te haya funcionado tan bien!

Un cordial saludo,

/ Dr. Andreas Eenfeldt,

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