“Para mí lo importante era sanar. Nunca pensé que iba a bajar 30 kilos”

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Jéssica es una mujer de 39 años que ha pasado los últimos 15 años lidiando con un exceso de peso provocado por una patología que desarrolló durante su primer embarazo. Dice que nada le funcionaba hasta que hace dos años encontró la dieta keto. Pese a su miedo de comer grasa, cambió sus hábitos de alimentación y ya ha logrado bajar 30 kilos, revertir sus patologías y sentirse completamente sana.

El 2 de diciembre de 2018, Jéssica se fue a dormir con una idea en su cabeza. Había buscado en internet “dieta cetogénica” y no podía dejar de darles vueltas a lo que allí encontró. La animaban a comer con sal pero ella era hipertensa, le recomendaban comer grasa, pero ella en ese tiempo pesaba 130 kilos.

Días antes la hermana de su kinesióloga, donde iba a diario para aliviar el dolor que le provocaban en su espalda dos hernias producto de su obesidad, le había comentado sobre este tipo de dieta. Jéssica nunca había escuchado antes sobre keto, pero pensó en averiguar de qué se trataba y quizás darle una oportunidad. Sentía que no tenía nada que perder al probar otro camino, llevaba 13 años intentando sanar su cuerpo sin resultado y con varias patologías a cuestas.

“Llegó un punto en el 2018 que me sentía muy enferma. Me dijeron que la única solución era la cirugía bariátrica. Cuando busqué sobre la dieta cetogénica, me apareció la página de Diet Doctor y de ahí saqué toda la información. Partí con la guía para principiantes y seguí con las dudas y preguntas frecuentes. Al leer dudaba porque tenía que comer grasa, que la tenía súper satanizada. Pero estaba tan enferma que dije no puedo estar peor, así que démosle. Saqué todos los carbohidratos de mi vida, solamente dejé las verduras. Yo era fan de la sandía, podía comerme la mitad en un día, pero le dije adiós. Lo único que quería era sanarme, así que no me importó hacer esos cambios”.

Sobrepeso en el embarazo

Jéssica cuenta que durante su primer embarazo se le gatilló un problema con el páncreas: “Empecé a segregar mucha insulina. Partí el embarazo con 60 kilos y lo termine con 97”.

Después de que nació su hija, que hoy tiene 15 años, le indicaron visitar a una endocrinóloga, quien le recetó tomar sibutramina y metformina. Bajó algo de peso, pero al dejarlos sufrió el llamado efecto rebote. “Me dieron una pastilla para el síntoma pero nadie vio cuál era mi problema de raíz. Cada año que pasaba iba subiendo más de peso Seguía las pautas nutricionales al pie de la letra, comía cada tres horas, sin sodio y 1.200 calorías al día, pero no veía mejora y estaba más enferma. En el 2014, con 116 kilos, quedé embarazada de mi hijo. Fue un parto muy complicado que me dejó una hipertensión. Al mes y medio de tener a mi hijo me hicieron elegir entre seguir amamantándolo o tomar medicamentos para la presión. Me culpaban por estar gorda y tenía que lidiar con que la sociedad me enjuiciara por tener sobrepeso, sin saber la historia que hay detrás”.

Jéssica confiesa que tiene guardadas todas las dietas que le dieron por una década, como una especie de recordatorio de lo que vivió. “Fui una paciente perjudicada a través del tiempo por las típicas pautas nutricionales que nos dan a todos. Y esto lo hice por sanar, en ningún minuto lo hice para tener un cuerpo de Barbie”.

El resultado

A dos años de que empezó con la dieta keto, Jéssica ha bajado 30 kilos, hoy pesa 100 kilos. Dice que aún le falta, pero que se siente mejor que nunca y eso la tiene feliz. “Para mí lo importante era sanar. Nunca pensé que iba a bajar 30 kilos, me tenía que sacar de encima a otra persona y haberlo hecho es un logro fantástico”.

Recuerda cómo fueron esos primeros días del camino hacia una dieta cetogénica, repasa esa mañana en que se despertó y decidió hacer una división mental en su cabeza entre lo que había en la despensa y lo que ella podía comer de ahí.

Dice que durante los dos primeros días se sintió bien, pero que al tercero le pasó lo que se conoce como la gripe cetogénica. “Tenía un genio que no me lo aguantaba nadie, me transpiraban las manos, me dolía el cuerpo y solo pensaba en comer algo dulce, me sentía como un drogadicto con síndrome de abstinencia”.

La familia de Jéssica seguía comiendo a modo tradicional mientras ella avanzaba en la dieta keto. Cocinaba distinto para ellos y para ella, en algunos momentos del día se hacía difícil, pero cuando vio los resultados supo que no habría vuelta atrás: “Cuando cumplí un mes noté la diferencia. No sentía dolor corporal, tenía más energía. Bajé 4 kilos, algo que nunca había logrado con una pauta nutricional común. Ahí dije, ya tengo que seguir en esto y hoy toda mi familia es keto”.

Jéssica cuenta que hace dos años tomaba 10 medicamentos al día, y que ahora solo toma vitaminas, Omega 3 y magnesio. “Mi presión está optima, estoy comiendo mucho sodio y grasa. Ya no tengo ninguna patología, que es lo que me tiene más contenta”.

Dice que lo más difícil del camino hacia este hábito de alimentación fue ir en contra de lo que le habían dicho por años. “Lo que más me costó fue abrir la mente, comer grasa y consumir sodio. Tenía miedo al principio porque pensaba que iba a ser para peor. Hoy creo que es bueno cuestionar lo que nos dicen. No hay que cerrarse a una sola posibilidad porque hay otro camino para sanar. No hay que tenerle miedo a las grasas. Ojalá alguien me hubiese dicho esto antes, hubiese sido feliz de escucharlo”.

Si quieres saber más sobre Jéssica, puedes seguirla en su cuenta de Instagram.


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