No voy a convencerte

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Nuestra clínica de alimentación baja en carbohidratos ha estado funcionando dentro de mi clínica médica normal desde febrero de 2017. Contrario a lo que puedas pensar, la enfermera Sylvie y yo nunca hicimos ningún intento de convencer a los otros profesionales de la salud que trabajan allí para que lean la información científica en la que se fundamenta esta dieta o para que la prueben ellos mismos o en sus pacientes.

Para empezar, poner en marcha una clínica de alimentación baja en carbohidratos en mi provincia ya es una tarea titánica e implica horas y horas de trabajo voluntario, porque nuestro sistema está completamente enfocado en tratar enfermedades, nunca en prevenirlas. No hay ningún apoyo para el trabajo de prevención, y no es particularmente cool, a diferencia, digamos, de prescribir la molécula más novedosa contra el colesterol. Puse tanta energía en mi programa, que no me queda mucha para discutir con la gente.

Tampoco trato de convencer a otros profesionales de la salud porque pienso que los resultados hablan por sí mismos.

Y lo hacen.

Uno de mis pacientes inscritos, por ejemplo, ha estado combatiendo la fibromialgia (dolor crónico y fatiga), la depresión y aumento de peso durante varios años. Ella es paciente de mi colega. Verla mejorar significativamente es lo que creo que convenció a mi colega para probarlo. No solo para ella: inscribió a su propia madre conmigo, y consiguió que su hermana se embarcara en la comida baja en carbohidratos. Y, por supuesto, les va genial.

Difundir el mensaje bajo en carbohidratos

Entonces, cuando otros profesionales de la salud, parientes o pacientes me piden que los convenza, no lo hago. Hablaré sobre ello con gusto. Educaré. Recomendaré. Daré referencias. Compartiré mi experiencia personal. Pero no voy a convencer a nadie.

Cuando un colega me dice que cierto nutricionista ha investigado sobre la alimentación baja en carbohidratos y todavía afirma que el cerebro necesita un mínimo de 120 g de glucosa exógena todos los días para funcionar correctamente, o que una dieta basada en frutas y verduras es buena para pacientes diabéticos de tipo 2, no suelo malgastar saliva. No digo: “Lee sobre cómo el hígado puede producir glucosa con grasa, un proceso conocido como gluconeogénesis. Es fisiología básica, lo aprendiste en la escuela de nutrición. Ah, y mi cerebro ha estado funcionando bien con 20-50 g de carbohidratos al día durante más de un año. ¿Cómo puede ser?”.

Tampoco les digo que deben leer sobre el hígado graso y la fructosa, ni sobre el vínculo entre el hígado graso y la diabetes de tipo 2. Ni siquiera menciono que hay veganos y vegetarianos en mi clínica que todavía están muy enfermos, a pesar de seguir una dieta basada en plantas durante mucho tiempo. Me mantengo callada.

No me dedico a convencer a otras personas. Estoy profundamente comprometida con hacer que este viejo modo de comer sea conocido y entendido por la población en general. La enfermera Sylvie y yo damos una charla pública gratuita sobre la alimentación baja en carbohidratos y enfermedades crónicas cada 2 meses. Porque creo que todos merecen saber que reducir la ingesta de azúcar (comer bajo en carbohidratos) tiene el potencial de corregir numerosas enfermedades, incluida la diabetes de tipo 2, la obesidad y la fatiga crónica, y puede reducir o eliminar varios medicamentos; que se puede comer de forma deliciosa, saciante, es sostenible a largo plazo y que es seguro desde el punto de vista médico cuando se realiza correctamente. Todos merecen saberlo.

No trato de convencer a los demás, pero siempre estoy dispuesta a hablar de cómo funciona y de la ciencia que lo fundamenta a cualquiera que muestre el más mínimo interés. De hecho, podría estar muy cerca de ser excluida de las fiestas familiares, porque una vez que comienzo a hablar de comer bajo en carbohidratos, macros, grasas y sal, y cómo nuestras pautas alimentarias han enfermado a la gente durante décadas, ¡soy irritablemente irrefrenable! Solo tienen que preguntarle a mis suegros, que son agricultores de papas…

Así que, cuando que alguien se beneficiaría tremendamente de adoptar una dieta baja en carbohidratos, tiendo a preguntarles simplemente si están cansados ​​de estar enfermos y tomar pastillas. Les pregunto si quieren recuperar la salud. Si muestran interés y saben inglés, los dirijo a Diet Doctor y al video Food Revolution. Pero como la mayoría de las personas que viven en mi provincia no hablan ni entienden inglés, les digo que lean Le Code Obésité (El código de la obesidad) del Dr. Jason Fung, y me informen de si quieren saber más. A veces, doy a mis pacientes un folleto sobre qué comer/qué no comer.

En mi programa de alimentación baja en carbohidratos, cuando realizo la evaluación médica inicial, siempre pregunto a mis pacientes qué tan motivados están. Para mí, la falta de una verdadera motivación es la contraindicación número 1 para comer bajo en carbohidratos. No acepto pacientes que no estén dispuestos a cambiar sus hábitos alimenticios, por razones obvias. De vez en cuando, recibo a alguien que vacila entre someterse a una cirugía de derivación gástrica completa o unirse a mi programa. Les digo que vayan leyendo sobre ambos, no trato de convencerlos.

Ver a mis pacientes obesos perder peso cada semana me convence de que estoy haciendo lo correcto como médica. Ver a mis pacientes diabéticos alcanzar niveles normales de azúcar con cada vez menos medicamentos me convence de la misma forma. Al ver a mis pacientes con dolor crónico decir que olvidaron tomar sus analgésicos y luego se dieron cuenta de que ya no los necesitaban tanto, me convence lo suficiente. Espero que mis pacientes ya estén lo suficientemente convencidos como para seguir comiendo bajo en carbohidratos de por vida. Y, por supuesto, espero en secreto que se embarquen en una cruzada para convencer a todos los que los rodean de que prueben a comer bajo en carbohidratos.


Dra. Èvelyne Bourdua-Roy

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