Una pérdida de más de 45 kg mantenida durante 10 años comiendo low carb y keto

julie
Nombre: Julie Georgiou
Edad: 38
Altura: 182 cm (5’10”)
Peso más alto: 141 kg (310 lb)
Peso actual: 70,5 kg (155 lb)

Al crecer, Julie Georgiou aprendió a apreciar la comida saludable a una edad muy temprana.

“Crecí en una casa en la que siempre había comida fresca y nutritiva. No me gustaban mucho los dulces ni los refrigerios. Mi madre siempre preparaba deliciosa cocina mediterránea”, recuerda Julie. “Comíamos muchas ensaladas y verduras frescas y nunca comida chatarra o comida rápida”.

“Amaba la comida y tenía buen apetito”, dice. “Siempre fui la más alta de mi clase y era de huesos grandes y un poco regordeta, pero nunca fui realmente obesa siendo niña o en la adolescencia”.

Sin embargo, cuando tenía alrededor de 22 años, comenzó a aumentar de peso aunque su dieta y su nivel de actividad física no habían cambiado. Además, comenzó a sentirse enferma y tenía muy poca energía. De hecho, muchas mañanas le resultaba extremadamente difícil levantarse de la cama.

“También me comenzó a salir acné quístico en la cara, y nunca había tenido un grano, ni siquiera cuando era adolescente. Después desarrollé urticaria y otros problemas de piel. Fue un momento muy difícil”, recuerda.

“Mi médico realmente no me estaba ayudando. Ella solo me dijo que necesitaba bajar de peso porque debía de estar comiendo demasiado”, dice Julie con tristeza.

Así que decidió tomar cartas en el asunto y ver a otro médico, un endocrinólogo de gran prestigio recomendado por su compañía de seguros.

“Este especialista me dijo que tenía hipotiroidismo y también síndrome del ovario poliquístico (SOP), y esta era la razón por la que aumentaba de peso, me sentía cansada y tenía todos estos otros problemas. Dijo que me iba a dar medicamentos que corregirían el problema para que pudiera bajar de peso y volver a sentirme bien conmigo misma”.

Pero a pesar de tomar la medicación para la tiroides según lo recetado y comer lo que ella creía que era una dieta saludable, baja en grasa, rica en cereales integrales y fruta, no bajó de peso. De hecho, continuó ganando peso.

“Cada vez estaba más molesta porque siempre que veía al médico, me decía que solo tenía que seguir tomando la medicación y mejoraría, pero que tenía que ser paciente. Sin embargo, empeoré cada vez más, engordé y me sentía fatal y desesperada”.

Durante los siguientes tres años, el peso de Julie siguió aumentando hasta que alcanzó su peso máximo histórico de 141 kg (310 lb). Finalmente, cuando el especialista la acusó de no hacer todo lo posible para controlar la enfermedad, Julie se hartó. Encontró a otro médico, que le realizó pruebas e inmediatamente le diagnosticó la enfermedad autoinmune de la tiroiditis de Hashimoto. Luego le recetó el tipo y la dosis adecuada de medicamento.

“Fue como la noche y el día”, dice Julie. “Mi piel y otros síntomas comenzaron a mejorar. Empecé a sentirme mejor y finalmente comencé a creer que podía estar sana y feliz de nuevo”.

Empezando a comer bajo en carbohidratos

En 2006, con 26 años, después de varios meses de tratamiento, su nuevo médico confirmó que su función tiroidea había mejorado y que se había recuperado del tratamiento anterior. “Me dijo, “Bien, Julie, ahora puedes comenzar a hacer dieta para poder adelgazar'”. Sin embargo, él le advirtió que podría tomarle bastante tiempo, dado todo lo que su cuerpo había soportado en los últimos años.

“Había oído hablar de las dietas bajas en carbohidratos pero realmente no sabía mucho sobre ellas”, admite Julie. “Antes de eso, lo había intentado con Weight Watchers, Jenny Craig y otros programas similares. Ninguno me funcionó porque si comía incluso una pequeña cantidad de arroz integral o algo así, me apetecía más, y eso me llevaba a comer más, y nunca me sentía llena o satisfecha”. Además, después de haber hecho su propia investigación sobre la conexión del gluten con las enfermedades autoinmunes como la de Hashimoto, estaba lista para dejarlo para siempre.

Cuando fue a la librería y le preguntó sobre la alimentación baja en carbohidratos, la vendedora le dirigió a los libros de dieta de Atkins.

“Leí Atkins y seguí una dieta baja en carbohidratos, pero la modifiqué para que funcionara para mí”, dice Julie. En lugar de seguir la fase de inducción que restringe los carbohidratos a menos de 20 gramos por día, simplemente eliminó todos los granos integrales, la harina de avena, la azúcar y otros alimentos ricos en carbohidratos, incluida la mayoría de la fruta. Además, comenzó a leer las etiquetas religiosamente.

“Ir a la tienda ya no era solo un viaje corto. Me pasaba un par de horas leyendo las etiquetas de los ingredientes y observando los carbohidratos para asegurarme de obtener los alimentos adecuados en las cantidades correctas”.

Y aunque su médico le había advertido que la pérdida de peso podría ser lenta, en un año, Julie perdió unos increíbles 50 kg (110 lb). “Me sorprendió lo rápido y fácil que perdí peso”, recuerda sonriendo. “Y en aquel entonces, me había casado con mi esposo, y pude ponerme un hermoso vestido de novia, que fue otra celebración para mí”.

Durante los siguientes seis años, mantuvo la pérdida de peso, a pesar de un enfoque un tanto más relajado con respecto a su dieta y actividad debido a los frecuentes viajes y las salidas con su esposo. Sin embargo, ella quería perder más.

“Decidí empezar a ejercitarme y volver a ser más estricta con la dieta para bajar a un peso con el que realmente me sintiera cómoda, especialmente en bikini. Así que fui al gimnasio en serio, contraté a un entrenador personal y perdí otros 13,6 kg (30 lb). Y finalmente estuve muy feliz con la forma en que me veía y sentía. Me di cuenta de que realmente me encantaba entrenar y comer bien”.

Todo fue bien durante algunos años hasta 2015, cuando tuvo una grave lesión en la rodilla en el gimnasio.

“De repente, estaba de vuelta en la cama otra vez. Fue realmente decepcionante y me llevó a estar muy deprimida porque pasaba más tiempo en la cama estando muy inactiva, y me sentía horrible”.

Luego recibió otro golpe cuando a su esposo le diagnosticaron diabetes de tipo 2 y le recetaron tres medicamentos para controlar su nivel de azúcar sanguínea.

“Estaba realmente estresada y deprimida, así que usé chocolate y alimentos similares para consolarme, como cualquier otro adicto. Y después de unos meses, había ganado alrededor de 18 libras (8,2 lb) de nuevo. Era muy infeliz debido a que no podía hacer ejercicio y a los problemas de salud con los que estábamos lidiando mi esposo y yo. Y pensé que la comida era mi amiga, pero no fue así”, dice.

En la primavera de 2016, Julie había decidido dedicarse nuevamente a estar sana. Sin embargo, aunque trató de volver a comer bajo en carbohidratos y hacer ejercicio en el gimnasio, no estaba viendo el tipo de resultados que quería. Además, el médico de su esposo le había dicho que necesitaba perder peso siguiendo una dieta estricta. Entonces Julie comenzó a leer y mirar videos de YouTube, donde encontró la dieta cetogénica. Comenzó a investigar sobre la keto. y sus beneficios para la pérdida de peso y la diabetes.

“Me intrigaba que un enfoque tan alto en grasas pudiera funcionar después de haber comido alto en proteínas y bajo en carbohidratos durante años. Pero pensé que mi marido y yo debíamos intentarlo”.

Así que el 1 de mayo, después de prepararse durante un par de meses, ella y su esposo comenzaron a seguir una dieta cetogénica, y no han echado la vista atrás.

“Amamos esta forma de comer”, dice Julie, emocionada. “No hemos hecho trampa todavía y no tenemos planes de hacerlo”.

No solo perdió 8 kg (18lb), que había recuperado mientras se recuperaba de la lesión y la enfermedad, sino que perdió aun más, llegando a su peso actual de 70,5 kg (155 lb). Además, se siente mejor que en años.

“Me apasiona esta forma de comer”, dice. “Quiero que todo el mundo la conozca”. Mi esposo no toma medicamentos para la diabetes, y la última vez que le chequearon, le dijeron que ya no la tenía. Ha perdido 16 kg (35 lb), o tal vez incluso más ahora. Nuestra piel parece más joven que nunca. ¡Es que brillamos! Tenemos más energía y nos sentimos genial. Si podemos hacer esto con comida, ¿por qué no hacerlo? Es de cajón”.

Un día típico de comidas de Julie

Después del gimnasio (6:00):
Dos litros de agua.

Desayuno (8:00):
Café antibalas hecho con crema para batir y mantequilla Kerrygold o aceite de coco.

Almuerzo (14:00):
Carne fresca, pescado o huevos; ensalada con aceite de oliva virgen extra; verduras sin almidón, como ejotes, pimientos, champiñones o berenjenas.

Refrigerio (17:30):
Café negro. Algunas nueces, nueces de Brasil o nueces de macadamia.

Cena (20:30-21:00):
Sopa, huevos y atún, O uno de los postres keto caseros saludables que comparte en Instagram.

“El café antibalas me mantiene saciada hasta mi primera comida sólida. Cocino todo fresco en casa y controlo las porciones e incluso viajo con mi báscula. Tenemos mucha suerte de tener verduras frescas aquí en Grecia, así que siempre como una ensalada con mi primera comida. También como medio aguacate con la ensalada, pero no todo el tiempo, porque para mí es más un capricho. A veces como bayas, pero solo 30 gramos o menos”.

Su régimen de ejercicio diario es muy estructurado y consistente.

“Realmente prospero con la rutina. Hago ejercicio cinco días a la semana, comenzando a las 6:00 de la mañana. Empiezo con 20 minutos andando y haciendo estiramientos, luego con la elíptica o la cinta de correr durante 30-45 minutos, después entrenando con pesas unos 30-35 minutos y termino con Pilates durante 30-40 minutos”.

Ella es consciente de que es más actividad de la que la mayoría de la gente quiere o es capaz de hacer, pero dice: “Con los años, he mejorado. Estoy acostumbrada, y nunca tuve problemas para acabar mis entrenamientos, especialmente ahora que como keto. Y me tomo los fines de semana libres”, se ríe.

Julie admite que experimentó brevemente una disminución de la energía unos años antes de su lesión.

“Hace unos años, estaba atravesando un momento difícil y no estaba comiendo lo suficiente. Mi peso bajó casi 3 kg (7 lb) menos que ahora. Siempre tenía frío y estaba fatigada. Me siento mucho mejor comiendo lo suficiente y pesando un poco más. Ahora soy mayor, ¡pero más fuerte y más saludable que nunca!

Además, Julie ha convertido a varias personas de su alrededor a la dieta cetogénica, incluidos su padre y su hermano.

“Vieron los beneficios de lo que estábamos haciendo, y ahora ambos disfrutan de grandes beneficios. Mi hermano acaba de comenzar, pero desde agosto mi padre ha perdido 11 kg (24 lb) y se siente fantástico”.

Sus mejores consejos

Estos son los consejos de Karen para las personas que quieren mantener con éxito una gran pérdida de peso para siempre:

  1. Necesitas un propósito. “Si no tienes un propósito y solo quieres probarlo durante un tiempo, no tendrás éxito a largo plazo. Necesitas ver esto como un cambio de estilo de vida permanente”, aconseja Julie. También recomienda que el médico te haga un chequeo para asegurarse de que no haya ningún problema subyacente que pueda interferir con la pérdida de peso o causar problemas de salud en el futuro.
  2. Darse cuenta de que la adicción a la comida es real. “Necesitas alejarte de la tentación. Asegúrate de establecer tus prioridades claramente. Si formas parte de un grupo que va a una pizzería todos los fines de semana, no funcionará. Dile a la gente que lo estás haciendo por tu salud. No trates de agradar a los demás”, advierte.
  3. Lleva algo contigo todo el tiempo. “En este momento, mientras hablamos, tengo una bolsa con nueces de Brasil y nueces. Nunca sabes cuánto tiempo estarás fuera, y si empiezas a tener hambre, necesitas tener algo adecuado a mano por si no hubiera nada alrededor”.

Puedes seguir a Julie en su cuenta de Instagram @ketoismymotto y en su sitio web que pronto se publicará.


Franziska Spritzler, dietista titulada

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