Estudio muestra que la carne roja y la blanca aumentan las partículas LDL grandes

Carne roja y blanca

Desde hace tiempo las recomendaciones alimentarias indican que hay que limitar el consumo de carne roja a pesar de no haber datos suficientes que demuestren que hacerlo mejore la salud. Recientemente se han publicado interpretaciones de un nuevo estudio en las que se afirma que la carne blanca es igual de alarmante. Observa que he dicho “interpretaciones” del estudio. No son las conclusiones de los autores, sino más bien una manipulación en las redes sociales y la prensa.

En el estudio, publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, participaron 113 personas que fueron asignadas al azar a una dieta rica en grasa saturada (40 % de carbohidratos, 24 % de proteína, 35 % de grasa, 14 % de grasa saturada) o a una dieta baja en grasa saturada (los mismos macronutrientes con la excepción de la sustitución de un 7 % de grasa saturada por grasa monoinsaturada). Se cambió la alimentación de ambos grupos cada cuatro semanas entre las siguientes dietas: una rica en carne roja (principalmente carne de res), una rica en carne blanca (pollo y pavo) y una sin carne (legumbres, frutos secos, cereales y soja).

El principal hallazgo fue que las concentraciones de colesterol LDL y colesterol total fueron mayores al seguir las dietas ricas en grasa saturada e igual de elevadas con la dieta de carne roja y carne blanca. También cabe señalar que el aumento se debió a las partículas LDL grandes, no hubo cambios en las partículas pequeñas ni tampoco cambios significativos en la relación entre el colesterol total y el colesterol HDL. Es importante señalar esto, ya que varios estudios ponen en duda que sea adecuado usar el colesterol LDL como un marcador de riesgo cardiovascular en los estudios nutricionales.

Las diferencias en el colesterol LDL fueron significativas a nivel estadístico, pero bastante pequeñas. Por ejemplo, el colesterol LDL de las personas en el grupo de la dieta con carne roja y rica en grasa saturada fue de 100 mg/dL, mientras que en las personas de la dieta sin carne y rica en grasa saturada fue de 93 mg/dL. Esto podría deberse a que la intervención del estudio fue breve, tan solo de cuatro semanas. Pero ¿significa eso que la diferencia aumentaría con el tiempo? O ¿disminuiría con el tiempo como muestra la experiencia clínica, ya que los niveles de lípidos pueden cambiar al principio y normalizarse con el tiempo? La realidad es que solo con este estudio no es posible saberlo.

Sin embargo, hay algo más importante, los mismos autores reconocen lo siguiente:

Las partículas grandes de colesterol LDL, medidas con distintas metodologías, no se han asociado con enfermedades cardiovasculares en varias cohortes de población, a diferencia de las asociaciones observadas en las concentraciones del LDL medio, pequeño o muy pequeño. Por eso el efecto estimado de la grasa saturada de la carne roja, la carne blanca y los lácteos en el riesgo de enfermedades cardiovasculares debido al efecto que tienen en las concentraciones de colesterol y ApoB puede verse atenuado, ya que no hay cambios en la cantidad de partículas pequeñas del colesterol LDL, que son las que están más vinculadas con las enfermedades cardiovasculares.

Y las consecuencias de un consumo alto de carne roja y blanca, además de grasa saturada proveniente de los lácteos, que aumentan de forma selectiva subfracciones de partículas grandes de LDL, puede estar sobrevaloradas, cómo ocurre con de las recomendaciones alimentarias actuales.

Hay que entender la importancia de estas conclusiones. Es interesante ver una diferencia en un marcador indirecto como el colesterol LDL, pero la cuestión realmente importante es: “¿Qué consecuencias tiene para nuestra salud y longevidad en general?”. Como los autores apuntan, un aumento de las partículas grandes de LDL puede que no sea algo tan horrible cómo afirman algunas personas, pues la asociación entre el colesterol LDL y el riesgo cardiovascular desaparece cuando se trata de partículas LDL grandes. Además, demostraron que no hay diferencias en la función endotelial de los vasos sanguíneos.

Entonces, ¿qué podemos sacar en claro de este estudio?

  1. La grasa saturada puede hacer que aumenten las partículas de LDL grandes sin un cambio significativo de la relación entre el colesterol total y el HDL
  2. La carne roja y la blanca tienen efectos similares en el colesterol LDL.
  3. No hubo una diferencia en la función de los vasos sanguíneos en sí mismos.

Estos datos no nos muestran nada sobre el “daño” de la carne roja y blanca, pues no hablan de las consecuencias para nuestra salud en general o para la longevidad. Lamentablemente, algunas personas leerán los titulares y llegarán a la conclusión de que la carne blanca es igual de “peligrosa” que la carne roja. Sin embargo, como ya te habrás dado cuenta, este estudio no respalda tal conclusión. Es por eso que siempre nos esforzamos por presentar los datos como son, sin exagerar debido a los titulares llamativos.

Puedes leer más sobre este tema en nuestra detallada guía sobre la grasa saturada.

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Gracias por leernos,
Dr. Bret Scher, FACC

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