La semilla y la tierra del cáncer, o por qué tenemos que alejarnos para entenderlo

niño mirando con prismáticos

Durante 50 años, se pensó que el cáncer estaba causado principalmente por mutaciones genéticas. Con esa línea de pensamiento prácticamente no hemos conseguido nada. A medida que la investigación comenzó a refutar los principios fundamentales de la teoría de la mutación somática del cáncer, las hipótesis que competían recibieron atención. La principal premisa de la teoría de la mutación somática era que el cáncer proviene de una sola célula somática que ha acumulado un conjunto de mutaciones genéticas que le permiten volverse inmortal. Los principales genes causantes del cáncer se denominan oncogenes y genes supresores tumorales.

Este es un caso clásico de que los árboles no dejan ver el bosque. ¿Qué significa esto? Bueno, imagina que estás atrapado en medio de un bosque. Todo lo que ves son árboles. No parece tan increíble. Son solo un montón de árboles como los que encuentras en tu patio. Aquí hay un árbol; aquí hay otro árbol; aquí hay un tercer árbol. ¿Qué tiene de especial? Pero si pudieras ver la selva amazónica desde un helicóptero, entonces podrías apreciar la belleza de toda la selva.

niño leyendo muy de cercaEl mismo problema ocurre si lees demasiado cerca. Imagina que estás leyendo esta publicación del blog pero has aumentado el zoom por error un 700 %. No puedes ver más que unas pocas letras. No puedes ver mucho. Es un galimatías. Al mirar de demasiado cerca, no te enteraste de qué trata el fragmento. Necesitas alejarte. Imagina que hay 3 hombres ciegos que examinan un elefante. El primero, al examinar la trompa, dice que el elefante es largo y ágil. El segundo, al examinar la cola, dice que es pequeño y se mueve rápidamente. El tercero, al examinar el cuerpo dice que es enorme y plano. Los tres aciertan y fallan a la vez, ya que se acercaron demasiado.

Acercarse demasiado

El mismo problema existe con la teoría de la mutación somática. Nos hemos acercado demasiado al cáncer, hasta la composición genética del cáncer, y es un galimatías. No podemos distinguir el origen del cáncer y no podemos avanzar para conseguir un tratamiento. Se han identificado más de 100 oncogenes y más de 15 genes supresores tumorales, pero no sabemos qué significa todo en conjunto. En lugar de tres hombres ciegos y un elefante, tenemos miles de investigadores ciegos y cáncer. Cada uno ve una pequeña y diminuta parte del rompecabezas y no puede ver el todo. La tasa de mutación necesaria para desarrollar un cáncer es mucho mayor que la tasa conocida de mutación en células humanas (Loeb y otros 2001). Las células normales simplemente no mutan de forma ni parecida de lo que se necesita para producir cáncer.

Además, aunque todos los cánceres tienen mutaciones, no se sabía cuál era el “denominador”. Es decir, cuántas células tenían mutaciones pero no cáncer. Resultó que era bastante alto. Podrías alterar el 4 % del genoma y aun así tener una célula que se viera y actuara con total normalidad. Este es un grado notablemente alto de tolerancia (Humpherys 2002).

Necesitamos alejarnos y mirar el cáncer desde una perspectiva diferente. La teoría de la mutación somática examinó el cáncer a un nivel genético microscópico. La teoría de campo de la organización de tejidos comienza a corregir el problema al observar los tejidos que rodean al cáncer. En organismos multicelulares, las células sueltas no tienen una existencia fuera del organismo completo. El hígado, por ejemplo, no podría existir fuera del cuerpo. No caminamos por la calle y saludamos al hígado del vecino paseando al perro. No ves al pulmón de tu cónyuge saltando fuera del cuerpo por la noche para hurgar en el refrigerador. No le gritas al riñón de tu cónyuge para que baje el asiento del inodoro.

Todas las células se originan en un único óvulo fertilizado, por lo que todas las células del cuerpo, incluidos todos los diferentes órganos, comparten los mismos genes y ADN. Las células madre originales indiferenciadas tienen la capacidad de convertirse en cualquier parte del cuerpo: pulmón, hígado, corazón, etc. Por lo tanto, no son los genes los que determinan si una célula se convierte en un hígado o un pulmón, sino que son las señales recibidas de los tejidos circundantes las que le indican a una célula indiferenciada que se convierta en una célula hepática. Hay una señalización hormonal detallada implicada en este proceso.

Todos los problemas, incluyendo los problemas de cáncer pueden desarrollarse en uno de los dos lugares. Puede haber un problema con la célula misma: mutó y se convirtió en cáncer. O bien, puede que el entorno en el que crezca pueda estar diciéndole a esa célula que se vuelva cancerosa. ¿Es la semilla o es la tierra o son ambos? Si arrojas una semilla de césped en el desierto, no crece. Pero deja la misma semilla de césped en tu jardín, puede crecer extremadamente bien. Sin embargo, es exactamente la misma semilla con exactamente los mismos genes. Al centrarnos de forma exclusiva en las semillas, los árboles no nos dejaron ver el bosque. Investigar de forma miope la diferencia genética de las semillas para ver por qué una crece y la otra no, es inútil.

semilla en la tierra 

La “semilla y la tierra” del cáncer

Por la misma razón, una célula cancerosa puede crecer muy bien en el entorno normal de las vías de crecimiento. Pero esa misma célula cancerosa puede no crecer en absoluto en el “desierto”, donde las vías de crecimiento se han cerrado por completo. La clave es cerrar esas vías. ¿Cómo se hace (hablamos antes de ello aquí)? Las vías de crecimiento están estrechamente relacionadas con los sensores de nutrientes del cuerpo. Si el cuerpo ve que no hay nutrientes, entonces desactivará todas las células para entrar en un estado inactivo, del mismo modo que la levadura de pan estará inactiva sin agua. La razón es la autopreservación. En ese estado inactivo puede vivir prácticamente para siempre.

Esta comprensión de la importancia del concepto de “semilla y tierra” ayuda a responder una de las preguntas más interesantes del cáncer: ¿por qué prácticamente todas las células del cuerpo se vuelven cancerosas? Reflexiona sobre esto: hay cánceres de pulmón, seno, estómago, colon, testículos, útero, cuello uterino, células sanguíneas, corazón, hígado e incluso fetos. La capacidad de volverse cancerosa es una habilidad INNATA de todas las células del cuerpo, casi sin excepción. Seguro que algunas células se convierten en cáncer con más frecuencia que otras. Los oncogenes y genes supresores tumorales descubiertos con tanta dificultad durante el último cuarto de siglo son mutaciones de genes NORMALES. La semilla del cáncer se encuentra en cada una de nuestras células. Por lo tanto, debemos prestar más atención a la “tierra”, porque es lo que probablemente marca la diferencia entre tener cáncer y estar sano.

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La pregunta es: ¿por qué? ¿Por qué debería una célula convertirse en cancerosa? ¿Por qué no todas las células deberían convertirse en cancerosas? Los orígenes del cáncer se encuentran en nuestras propias células. La capacidad de convertirse en cáncer radica en las vías normales de crecimiento que de alguna manera degeneran (por el entorno en que vive, la “tierra”). Si bañas las células del pulmón en el humo del tabaco, es más probable que se hagan cancerosas. Si infectas las células del cuello uterino con el virus del papiloma humano, es más probable que se conviertan en cancerosas. Si le das amianto al revestimiento del pulmón (pleura), es más probable que se conviertan en cancerosas. Si eres obeso, es más probable que las células mamarias se conviertan en cancerosas. La pregunta es: ¿cuál es el vínculo común de todos estos estímulos?

La teoría de la mutación somática presupone que el estado predeterminado de proliferación celular en humanos es la inactividad. La célula del hígado, por ejemplo, no crecerá a menos que reciba señales de crecimiento para decirle que crezca. Por lo tanto, el problema que se presupone en el cáncer de hígado es que la “semilla” es mala. Pero podría ser tan fácilmente la “tierra” o el entorno que rodea al hígado el que le dirá que crezca o no.

Por otro lado, se supone que los organismos unicelulares tienen un estado de crecimiento predeterminado. Es decir, las células crecen todo el tiempo a menos que estén limitadas por no tener suficientes nutrientes. Pon una bacteria en una placa de Petri y seguirá creciendo hasta que se quede sin comida. Desde una perspectiva evolutiva, dado que evolucionamos a partir de un organismo unicelular, solo tendría sentido que todas nuestras células retuvieran esta capacidad INNATA de crecer. Por ejemplo, la maquinaria de replicación de levaduras y células humanas es casi completamente homóloga. Entonces, si simplemente encuentras la “tierra” correcta, cualquier célula puede volver a su estado original de crecimiento. Sin regulación, esta es casi la definición misma de cáncer.

El mismo problema existe para la movilidad. Las células del hígado, por ejemplo, no se mueven alrededor de nuestro cuerpo a voluntad. Pero para los organismos unicelulares, este es el estado natural de las cosas. La levadura se moverá constantemente. Las bacterias se mueven constantemente. Esto tiene enormes implicaciones sobre por qué los cánceres se diseminan (metástasis), que es el 90 % de la razón por la que las personas mueren de cáncer. La metástasis o movimiento de las células es una característica INNATA de la vida en la tierra.

Hemos estado cavando demasiado profundo

El cáncer existe en muchos niveles. Si profundizamos demasiado en el nivel genético, pasamos de largo de que la forma en que se organizan las células desempeña un papel importante en el desarrollo del cáncer. Si miramos demasiado de cerca a los árboles, nos perdemos el bosque. Si miramos muy de cerca el nivel genético, nos perdemos los problemas de nivel de la organización del tejido: las señales de crecimiento, los sensores de nutrientes, la señalización hormonal. Las células cancerosas no crecen más rápido que las células normales. Simplemente es que las células normales normalmente no crecen. Además, el crecimiento de cánceres no es autónomo. Las células de cáncer de seno, por ejemplo, seguirán respondiendo a cambios hormonales como el estrógeno.

Gleevec, el protagonista de recientes avances en cáncer, ilustra que hemos estado cavando demasiado profundo. Recuerda que Gleevec, imatinib, es un medicamento que bloquea la tirosina quinasa, una señal de crecimiento para las células. Puede curar a muchos pacientes de la leucemia mielógena crónica, una enfermedad que es causada por una distorsión genética, el cromosoma Filadelfia. Pero aquí está la parte crucial. Gleevec no afecta a la genética de las células. Afecta a las vías de señalización del crecimiento: a la TIERRA, no a la SEMILLA. Al hacerlo, a veces cura de forma tan completa el cáncer que las aberraciones genéticas desaparecen.

Gleevec, el tratamiento contra el cáncer más exitoso de los últimos 50 años, es una prueba de que nos habíamos sumergido demasiado en las minucias de los problemas genéticos y no hemos tenido en cuenta el entorno hormonal del cáncer. Este es un ejemplo del llamado “reduccionismo absurdo” (Dennett, La peligrosa idea de Darwin). “Si quieres saber por qué los atascos suelen producirse a una determinada hora todos los días, seguirás desconcertado después de haber reconstruido los procesos de dirección, frenado y aceleración de los miles de conductores cuyas diversas trayectorias se han sumado para crear ese tráfico. Enjambres”.

Si quieres saber por qué ocurre el cáncer, aún te sentirás desconcertado después de haber reconstruido minuciosamente los oncogenes y los genes supresores de tumores y otros procesos de las miles de células cuyas diversas trayectorias se han sumado para crear cáncer. Esta es exactamente la ruta que hemos seguido con casi toda la investigación moderna sobre el cáncer, y nos preguntamos por qué no hemos progresado. Después de miles de millones de dólares de investigación y décadas de tiempo, el atlas del genoma del cáncer es el equivalente al cáncer de los patrones de dirección de reconstrucción de miles de automóviles para ver el tráfico de la hora punta.

Aléjate. Mira el nivel apropiado (nivel de tejido, no nivel genético). Ten en cuenta la tierra del cáncer, no solo su semilla. Esto no invalida ninguno de los avances de la genética. Los cambios simplemente ocurren a diferentes niveles. La teoría de la mutación somática analiza el cáncer a nivel celular, y la teoría de la organización del tejido analiza el nivel de “sociedad de células”. Pero entiende que uno no excluye al otro.


Dr. Jason Fung

 
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