EL TMAO vuelve a las noticias, pero sigue importando poco para nuestra salud

hamburguesa

Un nuevo estudio del Dr. Christopher Gardner de la Universidad de Stanford (autor del estudio DIETFITS) muestra una pequeña reducción del N-óxido de trimetilamina (TMAO) en las personas que comen substitutos vegetales de carne en vez de productos de origen animal.

Como referencia, el TMAO es un compuesto orgánico que se forma después de consumir alimentos que contienen colina, un nutriente esencial que se encuentra en la carne roja, el pollo, el pescado y los huevos. La gran pregunta respecto al estudio del Dr. Gardner es si esta ligera reducción del TMAO es importante para la salud.

En mi opinión, este es un ejemplo de un estudio bien hecho que, al final, aporta muy poco a nuestro conocimiento sobre la salud humana. Aun así, merece la pena repasar los detalles para ver que los titulares no siempre muestran los resultados de las investigaciones.

Para empezar, es importante tener en cuenta que este estudio fue financiado por Beyond Meat, un fabricante de hamburguesas hechas a base de vegetales. Pero hay que reconocer que el artículo del Stanford Medical Center que promociona el estudio fue claro al reconocer este punto. Muchas veces me frustra verme forzado a buscar fuentes de financiación y conflictos de intereses, y este es un claro conflicto de interés. Y aunque eso no invalida los datos, nos obliga a revisar la configuración y el diseño del estudio con una mirada más crítica.

En esta intervención, 36 personas aparentemente sanas fueron asignadas de forma aleatorizada a comer al menos dos porciones al día de substitutos de carne vegetal o carne real (principalmente carne roja) durante ocho semanas. Después de las ocho semanas iniciales, fueron “cruzadas”, cambiadas a la otra dieta. Durante toda la intervención de 16 semanas, se les dijo a todos los voluntarios que no alteraran ninguno de sus otros hábitos alimentarios.

Los ingredientes en los substitutos vegetales fueron los siguientes: agua, aislado de proteína de guisantes, aceite de canola prensado por expulsor, aceite de coco refinado, proteína de arroz, saborizantes naturales, mantequilla de cacao, proteína de frijol mungo, metilcelulosa, almidón de papa, extracto de manzana, extracto de granada, sal, cloruro de potasio, vinagre, jugo de limón concentrado, lecitina de coliflor, extracto de jugo de remolacha y zanahoria.

Esto es importante, ya que el substituto vegetal es un alimento muy procesado. Cabe destacar que no informaron de los marcadores inflamatorios en este estudio. Y, al menos a mí, me habría gustado comprobar si el producto procesado causó una mayor reacción inflamatoria.

Cade destacar que la dieta basada en plantas fue más rica en fibra, 27 gramos respecto a 22 gramos al día, y tenía menos grasa saturada, 26 gramos respecto a 33 gramos al día en la dieta con carne.

El principal resultado de esta intervención estuvo relacionado con el TMAO. ¿Por qué es esto problemático? Bueno, tiene que ver con el hecho de que los estudios pequeños y de corta duración no pueden medir criterios de valoración significativos, como quién vive, quién muere o quién contrae una enfermedad cardíaca.

Así que, en su lugar, los autores escogieron substituir eso por los marcadores de resultados que creen que corresponden con la salud. La suposición, en este caso, es que unos niveles elevados de TMAO causan cardiopatías, lo que lo convierte un marcador indirecto significativo.

No obstante, una mirada crítica a los datos no respalda una relación de causa y efecto entre los niveles de TMAO y la salud, como mencionamos en la revisión de estos dos artículos:

  1. En el primero, titulado “Comer carne roja aumenta los niveles de TMAO. ¿Debería importarnos?”, se muestra que la asociación con las cardiopatías solo fue significativa entre el cuartil más alto y el cuartil más bajo de TMAO, sin un efecto escalonado.
  2. En el segundo artículo, titulado “TMAO: ¿culpable u observador pasivo?” (en inglés), se incluyeron estudios con factores de confusión de variables controladas. Los voluntarios del estudio con los niveles más altos de TMAO tenían más probabilidades de fumar y de sufrir diabetes, hipertensión o un aumento de la inflamación. Ese es otro ejemplo perfecto del sesgo del usuario saludable.

Así que, aunque el estudio del Dr. Gardner está diseñado para dilucidar si los hábitos de alimentación de los grupos causaron una diferencia en el TMAO, no aporta nada para saber si un grupo es más sano que el otro. Por lo tanto, no proporciona ningún dato relevante de forma significativa que pueda guíar a la gente a un estilo de vida más saludable.

Pero, igualmente hablemos de los resultados.

Es interesante que los niveles de TMAO no difirieron entre los grupos en las personas que empezaron con substitutos vegetales y después pasaron a comer carne. Sin embargo, el TMAO se redujo de 6,4 a 2,9 cuando los voluntarios comenzaron con carne y pasaron después a los substitutos vegetales. No hubo cambios significativos en el microbioma intestinal.

Las personas que comieron substitutos vegetales también tuvieron niveles menores de colesterol de lipoproteínas de baja densidad (109 respecto a 120), sin diferencias en el colesterol de lipoproteínas de alta densidad (HDL) o los triglicéridos (TG) y un peso ligeramente menor, 1 kilo menos.

Cabe destacar que se permitió comer pescado en el grupo de carne pero no en el de vegetales. Se sabe que el pescado es el alimento que más contribuye a los niveles de TMAO, así que imagino que esto dificulta la interpretación de los resultados.

También es interesante la variabilidad de los resultados. Como mencionan en su artículo, “dos de los 18 participantes en el grupo que pasó de alimentación basada en animales a la alimentación basada en plantas tuvieron grandes fluctuaciones del TMAO durante la fase animal, mientras que otros tuvieron muy pocos cambios respecto al valor inicial”.

Entonces, ¿qué podemos aprender de esto?

  1. Posiblemente haya algo diferente respecto a la producción de TMAO por las bacterias intestinales al comer carne animal en comparación con los substitutos vegetales, pero solo cuando la comida vegetal va después de la comida animal. Eso podría deberse a diferencias en el microbioma por consumir fibra o por consumir la planta misma. Sin embargo, la prueba del microbioma fue insuficiente para detectar esta diferencia. También puede deberse a la inclusión de pescado.
  2. Hubo una amplia variación en la respuesta a la producción de TMAO en el caso de dos personas con valores extremos que mostraron una gran diferencia, mientras que el resto de los voluntarios mostraron una diferencia mucho más pequeña (recuerda, incluso los datos muy débiles que correlacionan el TMAO con las cardiopatías solo fueron significativos en los extremos).
  3. No existen evidencias convincentes de que estos resultados afecten a la salud.

Desafortunadamente, los titulares probablemente digan que los substitutos de la carne vegetal son mejores para la salud cardíaca. Eso encaja muy bien con la narrativa imperante, pero cuestionable, de que la carne es mala para la salud y el medio ambiente. Ese tipo de titulares me inspiran a diseccionar estos estudios y mostrarles cómo con frecuencia los detalles no respaldan las conclusiones.

Puedes aprender más sobre los efectos de la carne en la salud y el medioambiente en nuestra guía sobre la carne roja.

Gracias por leernos,
Dr. Bret Scher, FACC

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