¡Abrazada!

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Mi marido había vuelto de un viaje de trabajo la semana anterior. No había pasado mucho tiempo fuera, pero cuando volvió, me trajo un ramo de flores y me saludó con un gran abrazo de esos que te achuchan bien fuerte. ¡Él también me había echado de menos! 

Con la cabeza sobre su pecho, noté que sus brazos estaban realmente entrelazados a mi alrededor. Estábamos el uno frente al otro y su brazo izquierdo iba desde mi costado derecho, atravesando mi espalda y llegaba a mi costado izquierdo, con sus dedos apuntando hacia sí mismo. ¡Me tenía envuelta con ambos brazos! Yo tenía los brazos sobre sus hombros y las manos alrededor de su cuello, sintiéndome totalmente arropada por su abrazo.

Respiré y caí en la cuenta de que antes de perder 54 kg (120 lb), no me podía abrazar así. Cuando estaba obesa, sus manos habrían llegado a los costados, sin poder envolverme toda la espalda. De hecho, se habrían quedado justo por encima de mi cintura, en esa zona en la que cuelga la grasa de la espalda, porque ahí es hasta donde podría haber llegado.

Recuerdo que en el pasado lo pasaba mal siempre que me tocaba ahí. Él lo sentía, pero yo no era consciente de que él sabía que yo lo pasaba mal por MÍ. ¿Le daba repulsión? Eso también me preocupaba cuando me abrazaban otras personas. Si me tocaban el brazo, ¿lo sentirían blandengue? Más de una vez, después de que alguien me abrazara, yo me tocaba la misma parte que ellos habían tocado —espalda, brazos, cintura— y me preguntaba qué habrían sentido. ¿Habría sido tan terrible como yo temía?

La física cuántica afirma que en realidad no podemos tocar a otras personas ni ellos a nosotros. Se debe a la estructura de los átomos, los electrones, los neutrones y los campos magnéticos, pero no importa lo que digan esos físicos, nosotros percibimos el tacto. Abrazar o tocar a alguien es una de las pocas formas en las que conectamos con otras personas emocionalmente de una manera que demuestra atención y consideración por los demás. Un abrazo debe transmitir calidez y apoyo, los abrazos son para calmarnos y compartir la alegría. 

Y allí estaba yo, años avergonzándome y preocupándome de si otras personas sentirían asco al tocarme. No pude disfrutar de sus abrazos porque creía que no era posible abrazarme. No quería que me tocaran y me rechazaran. Estaba demasiado centrada en preocuparme en qué sentían de mí, que no pude recibir la calidez y el amor que querían transmitirme. Era intocable de una forma que no tiene nada que ver con las leyes de la física.

Después de una vida y de perder mucho peso, ya no me avergüenzo cuando mi marido o cualquier otra persona me abraza. No me paro a preguntarme ni preocuparme de si mis michelines les provocan rechazo. Aunque no esté cachas ni musculosa y tenga más grasa corporal de la que me gustaría, puedo tocar y dejar que me toquen. De hecho, puedo ser abrazada, y ¡es una sensación increíble!


Kristie Sullivan

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Un comentario

  1. Mauricio
    Vaya... fue estremecedor leer tal confesión y percibir por un breve instante, el miedo, el dolor y la angustia emocional de sentirse de esa manera.

    Y que bueno que está superado 🙏🏻

    Gracias por compartir este tema.

    Saludos

    MSE

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