“No puedes comer eso”

“¡Ah, no puedes comer eso!”

Esas palabras me lastimaron, y la niña pequeña que vive en mi cerebro inmediatamente gritó: “¡Claro que puedo!”. Era la primera semana de mi nueva “dieta”, y mi familia y los padres de mi esposo fuimos a cenar a un restaurante de churrasco que era famoso por sus panecillos. Al sentarse los comensales, los meseros dejaban una gran canasta con panecillos calientes y mantecosos en la mesa y los reponían tantas veces como quisieras.

Esos panecillos grandes y esponjosos estaban en la mesa antes de que me hubiera sentado. Mis cinco acompañantes no solo devoraron los panecillos con ansia, sino que no paraban de comentar lo increíblemente deliciosos que estaban, mientras los untaban con mantequilla falsa endulzada con jarabe de caña y pedían la segunda canasta. Mi suegra pidió más mantequilla falsa para la segunda canasta de panecillos, me miró y preguntó: “¿No quieres alguno?”, y luego recordó: “¡Ah, no puedes comerlos!”

Miré los panecillos y, afortunadamente, vi problemas con mayúsculas. Mi conocimiento elemental del proceso básico de por qué la dieta cetogénica funciona, es que cuando comemos carbohidratos (azúcar), aumenta la glucosa sanguínea. Para encargarse de la glucosa, el cuerpo libera insulina, que no es necesariamente un problema en personas metabólicamente sanas, pero mi obesidad mórbida era un signo externo de disfunción metabólica interna. En esa primera semana comprendí que la insulina también es una hormona acumuladora. Ayuda a almacenar grasa en las células.

Mientras estaba sentada mirando esos panecillos, tuve una imagen visual de la insulina como miles de pequeños y odiosos soldados circulando por el torrente sanguíneo. Los odiosos soldados de insulina encierran la grasa en las células y la dejan allí. La energía es almacenada y encerrada como grasa, y no es de extrañar que tengamos hambre, ya que no conseguimos usar esa energía. ¡Está encerrada! Incluso después de comer, tenemos hambre de nuevo en poco tiempo porque no hay energía para usar. La obesidad podría describirse como una enfermedad de hambre, ya que la energía se almacena y no se puede acceder a ella para usarla. Si no como muchos carbohidratos y mantengo la glucosa sanguínea estable, los niveles de insulina también deberían bajar, y mi cuerpo podría usar la energía almacenada (grasa).

Puedo comerlos, pero elijo no hacerlo

Aunque muy simplificado, sabía que incluso un bocado de esos panecillos causaría la liberación de una cascada de hormonas, incluida la insulina. Visualicé los odiosos soldados de insulina metiendo grasa en mis células, y pude sentir mis brazos agrandándose. Mientras que los otros vieron un suministro ilimitado de una de sus comidas favoritas, yo vi veneno. En esos panecillos altos en carbohidratos vi la obesidad mórbida que estaba tratando de vencer con apremio. Fue la primera semana de mi viaje, pero la “dieta” estaba funcionando. Al comer la menor cantidad posible de carbohidratos, el hambre desapareció por primera vez en mi vida. Fue entonces cuando respondí: “Ah, PUEDO comerlos. Simplemente no quiero”.

En ese momento no entendí el poder o la importancia de mi respuesta, pero me salvó la vida de dos maneras. Primero, después de toda una vida de hambre y dieta, sabía que podía comer cualquier cosa que quisiera, pero decidí no comer los panecillos. Al decir “Puedo comerlo”, me estaba dando el poder del control. No había nadie más que me limitara. La niña pequeña dentro de mí no estaba siendo castigada por sacar comida del refrigerador o por comer un segundo postre. Mi voz adulta estaba a cargo, y ella sabía más. Ella estaba capacitada para tomar la decisión. Miró esos panecillos venenosos que contribuirían a su obesidad mórbida y decidió: “Simplemente no los quiero”. Este fue el segundo cambio poderoso de mentalidad que, sin saberlo, verbalicé esa noche.

No los quise ni cuando otros hablaron maravillas de lo deliciosos que estaban. Vi veneno y enfermedad: obesidad, diabetes, ropa de talla grande, sudor con poco esfuerzo y dolor de espalda. Desde ese día, he podido rechazar alimentos altos en carbohidratos simplemente porque los veo de manera diferente. En lugar de ver una comida que sabe bien, veo una comida que me enferma. Mi cuerpo no procesa los carbohidratos de forma adecuada. Phinney y Volek usan el término “intolerante a los carbohidratos”. La enfermedad y la obesidad no tienen buen sabor.

Esa noche pedí un bistec, una ensalada fresca con aderezo graso y brócoli al vapor con mantequilla, y no pude comerme todo. Mientras que los otros se quejaban de estar demasiado llenos y de estar listos para irse a la cama, mi nivel de energía se mantuvo alto el resto de la noche, y estaba orgullosa de mis elecciones.

Miré fijamente esos panecillos hace cuatro años y 45 kg (100 libras). Sigo capacitada para comer lo que quiera, y continúo eligiendo alimentos bajos en carbohidratos ricos en grasas que me mantienen sana.


Kristie Sullivan

Más

La dieta cetogénica para principiantes

Cómo bajar de peso

Anteriormente con Kristie

Interrumpida por el hambre

2 Comentarios

  1. Anastasia P.
    ¡Que buena motivación!
    Voy iniciando en este camino y este artículo ha sido de mucha ayuda para mi.
    ¡Amo esta página!
    Respuesta: #2
  2. Kim Gajraj Equipo Diet Doctor
    Gracias, Anastasia! Nos alegra mucho leer esto 🙂

Dejar una respuesta

Respuesta al comentario #0 por

Cargar anteriores