Mi botiquín

Frascos de medicinas

Mi marido estaba sentado en el costado de la cama, dejando que su espalda “se ajustara”. Respiró hondo y preguntó en voz alta: “¿Así que esto es parte de tener 40 años? ¿Nunca volveremos a despertarnos sin dolores? ¿Es así como se siente envejecer?”. Aunque no me gustó su conclusión, pensé que tenía razón. No había ningún día que pudiera recordar despertándome y no sintiéndome rígida y dolorida. Normalmente, me tomaba algo de tiempo levantarme, ponerme en marcha y mover las partes doloridas y rígidas, y ninguna de las molestias era por hacer ejercicio periódico.

Ambos éramos obesos, pero íbamos llegando a la mitad de la cuarentena. Aunque no éramos activos, teníamos una casa y un jardín que mantener y dos niños a los que seguir su ritmo. Además de los medicamentos recetados para el dolor y las inyecciones epidurales de esteroides, ambos teníamos y usábamos medicamentos de venta libre entre los que estaban el paracetamol, el ibuprofeno y el naproxeno.

De hecho, compramos medicamentos contra el dolor en un almacen de club de precios. Quinientas píldoras en un paquete de almacenes de descuento. Además de los medicamentos de venta libre, nuestros médicos nos prescribieron recetas de relajantes musculares y varios tipos de opiáceos para tratar el dolor según fuera necesario. Los necesitábamos un par de veces al año.

Los analgésicos eran una parte normal de nuestro estilo de vida. Mi marido tomaba naproxeno antes de trabajar en el jardín. Para mí, un viaje al centro comercial incluía ibuprofeno antes y después para ayudar a aliviar el dolor asociado con toda esa caminata. Si me despertaba sintiendo una punzada en la espalda o cualquier dolor o rigidez, comenzaba el día preguntándome qué medicamento iría mejor.

El naproxeno parecía funcionar bien para el dolor asociado con el trabajo en el jardín o el esfuerzo y duraba más que el ibuprofeno, pero el ibuprofeno funcionaba bien para el dolor de espalda y el paracetamol parecía ayudar mejor con los dolores de cabeza. Estaba agradecida de poder tomarlos al mismo tiempo si era necesario porque eran medicamentos diferentes y con frecuencia funcionaban bien juntos.

Incluso mantenía múltiples opciones de medicamentos en el cajón de mi escritorio del trabajo y nunca viajaba sin algo para aliviar el dolor en caso de que mi esposo o yo lo necesitáramos. Cepillo de dientes, pasta de dientes, analgésicos: todo dentro del neceser. Aceptamos que tener poca energía, dolor en las articulaciones, los músculos y la espalda era simplemente normal para nosotros.

El cambio fue tan gradual que no estoy segura de cuándo ocurrió, pero no olvidaré el día en que abrí el armario de mi cuarto de baño y vi las píldoras de ibuprofeno “tamaño económico”. Píldoras de 200 mg en un en un paquete de 500. Hubo días en que tomaba 3 píldoras, 600 mg, cada 4 a 6 horas, como me recomendó el médico. Incluso con una dosificación estándar, acababa el paquete completo de 500 píldoras en menos de tres meses. Y nunca me preocupó, aunque necesitaba esos medicamentos de venta libre además de los medicamentos recetados. Era normal, al igual que la lista de la compra: pan, queso bajo en grasa, manzanas, plátanos, cereales, panecillos e ibuprofeno.

Sobresale en mi memoria el día que me quedé de pie en el baño y vi realmente el frasco de píldoras de tamaño económico por primera vez. Se veía enorme. Se veían días en que me quedaba en la cama o evitaba llevar a mis hijos de primaria a la escuela. Se veía tristeza y dolor. Afortunadamente, ¡parecía extraño! Miré para ver la fecha de vencimiento y sonreí cuando vi que era 2013. No es coincidencia, ese fue el año en que descubrí la dieta cetogénica.

Transformando la salud

Cuando comencé con la dieta keto, estaba decidida a perder peso. No sabía que lo tenía todo mal. Bueno, quizá no mal, pero sin duda tenía cosas al revés. Quería resolver el problema del peso. Mi único objetivo era perder peso. Al principio, me centré en la báscula y en la ropa más pequeña. Si bien disfruté de una pérdida de peso significativa, lo que descubrí a lo largo del camino fue una mejor salud.

Las mañanas comenzaron a saludarme sin dolor. Iba olvidando el ibuprofeno de tamaño económico semana a semana, ya que lo usaba con menos frecuencia. Cuatro meses después de cambiar la dieta, dejé todos los medicamentos recetados. Los únicos analgésicos que he tomado desde que comencé la dieta keto fueron para las cirugías ambulatorias, y no puedo recordar la última vez que tomé un relajante muscular.

Si me despierto sintiendo un poco de dolor o siento los anillos apretados, que es un signo de inflamación para mí, entonces ya no me echo en la cama preguntándome qué medicamentos tomar. Primero pienso “¿Qué comí ayer?”. A veces puedo señalar que comí demasiados lácteos. Ahora siento un poco de inflamación si como mantequilla de maní o ciertos edulcorantes.

Casi siempre que me despierto con lo que solíamos llamar “sentir la edad”, puedo razonar que fue algo que comí o algo que hice. También aprendí que el kayak me deja dolorida de la forma más maravillosa. Los músculos de los brazos me recuerdan durante al menos uno o dos días lo que es remar con otra persona mientras disfruto de la belleza de un día cálido y el agua fría.

A veces pienso en mi “antes y después”. Los cambios drásticos no se pueden capturar en una foto. La mujer que necesitaba analgésicos diarios combinados con medicamentos de venta libre solo para comprar en el centro comercial, ahora no toma medicamentos para el dolor. En mi vida “anterior”, no cabía en un kayak y no hubiera soñado ni con intentarlo. En mi vida “posterior” soy muy consciente de la comida y de cómo afecta a mi salud.

La comida es lo primero que pienso en modificar si no me siento bien. El poder de una buena alimentación para curar y fortalecer el cuerpo es lo normal ahora, ¿y mi nueva lista de la compra en el almacén de descuento? Compro café, queso, mantequilla, champiñones, brócoli, coliflor, costillas, carne molida y tocino. Mucho tocino. ¡Qué botiquín más delicioso!


Kristie Sullivan

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Acerca de Kristie

Kristie Sullivan comenzó una alimentación baja en carbohidratos en 2013 después de luchar toda su vida con la obesidad.

A causa de su éxito personal, empezó a ayudar a otras personas para que aprendan a hacer de la alimentación baja en carbohidratos un delicioso estilo de vida. Abrió un canal en YouTube, Cooking Keto with Kristie (Cocinando Keto con Kristie), y publicó una colección de sencillas recetas cotidianas con bajos carbohidratos que se llama Un Viaje hacia la Salud: Un viaje que vale la pena hacer.

Kristie promueve una alimentación muy baja en carbohidratos que se basa en comer limpio. También tiene una página en Facebook que se llama Simply Keto y un grupo de Facebook cerrado que se llama “Low Carb Journey to Health (Cooking Keto with Kristie)”.

Kristie vive con su familia en la hermosa región de Sandhills en Carolina del Norte. Tiene un doctorado en Investigación Educacional y Análisis de Políticas de la North Carolina State University y trabaja en asesoramiento de educación superior, evaluación, investigación y acreditación.

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