Luchar o escapar

Noria

“Sí, papá, ¿y Jan? ¿O debería decir Ranita?”. Mi hijo intentaba burlarse de su padre. La historia de “Jan” era una de las que a nuestros hijos les encantaba usar para burlarse de él. Yo se la había contado. David estaba en la escuela de posgrado y yo trabajaba a tiempo completo. Estábamos saliendo, pero no comprometidos. Nuestra relación era seria, pero no segura.

Mi marido es el tipo de hombre que siempre tuvo muchas amigas. Tuvo novias, pero muchas eran amigas. No hay duda de esas amigas se sintieron atraídas por su naturaleza tranquila y caballerosa. Me tomó meses descubrir si de verdad estaba interesado en mí o solo estaba siendo un buen amigo.

Gran parte de mis dudas se debían a que me sentía inferior. Era rubio, de ojos azules y hombros anchos. Era inteligente, amable y nunca dejaba de abrirle una puerta a nadie. David es una persona que trata a todo el mundo en el edificio con respeto. Desde al conserje hasta al presidente, ofrece una sonrisa y un saludo amistoso.

No es que ser superagradable con todo el mundo sea algo malo, pero hace que sea muy difícil saber si le gustas o simplemente le caes bien. Yo estaba loquita por sus huesos, pero no estaba segura de lo que él sentía, lo que alimentaba mi inseguridad. Además, yo era bajita y tenía sobrepeso. Las mujeres de sus clases de posgrado, con las que estudiaba hasta altas horas de la noche y con las que compartía las dificultades de una tarea desafiante, eran más jóvenes, más atractivas, inteligentes y delgadas. Pensé que tenía buenas razones para sentirme amenazada.

Cuando me invitó a ir con él y con algunas de sus amigas de la escuela de posgrado a la feria estatal, pensé que debía ir. Antes de que saliéramos de su departamento, vi la tarjeta que le escribió una de ellas y la leí en cuanto él fue al baño. Era una tarjeta de condolencias porque recientemente había perdido una mascota querida y mayor. La escribió Jan, y le decía lo mucho que esperaba sus abrazos en la biblioteca y lo agradecida que estaba por su amistad. Mientras leía la tarjeta, el corazón me dio un vuelco y se me detuvo la respiración. Estaba asustada y me sentí algo traicionada, pero no podía decir nada para que no supiera que estaba cotilleando y leyendo la tarjeta en su escritorio.

Mientras nos dirigíamos a la feria estatal para conocer a sus amigas, entre las que se encontraba Jan, me sentí mareada pensando que iba a pasar el resto del día con la chica que sospechaba que iba detrás de él y que probablemente podría robármelo fácilmente. Me recordé a mí misma que tenía varias amigas y que había elegido invitarme, algo que no habría hecho si hubiera estado interesado de forma romántica en ella. La idea me tranquilizó hasta que llegamos al recinto ferial.

Era atractiva, y pude ver en sus ojos que le tenía mucho cariño a mi chico. También pude ver que ella y sus amigas me miraron de arriba a abajo y decidieron que era fácil arrebatarme de sus brazos. Mi chico, que es inteligente y talentoso, no tenía ni idea de la comunicación no verbal que ocurría a su alrededor. En realidad, tanto como lo quiero, él cree que todo el mundo tiene el mismo corazón inocente que él, así que cuando Jan le preguntó: “Oh David, ¿vas a montar en la noria conmigo?” y sonrió, él también rió. ¿Yo? Sentí un puñetazo en el estómago mientras ella continuaba diciendo: “Dijiste que montarías en la noria conmigo, pero ¿qué pasa si nos quedamos atrapados arriba?”.

¡No podía creérmelo! No sabía si enfadarme con él o con ella. ¿Cómo ha podido decirle algo así delante de mí? Y ¿él cómo se atreve a permitírselo? ¿Quién se creía ella para pensar que podía montar en la noria con mi novio y reírse acerca de ello delante de mí? Como decidieron no montar en noria sin tenerme en cuenta, entré en pánico y me debatí entre luchar o escapar. ¿Debía dejar que fuera y quedarme mirando? ¿Debía tratar de ser amable con ella de un modo pasivo-agresivo? ¿Debería empujarla a un vehículo en movimiento? ¿Romperle la cara con un mazo de la feria? ¿Y si simplemente le pedía que me llevara a casa?

Nuestro pequeño grupo decidió caminar hacia los puestos de comida para probar las papas fritas de camote (recuerda que esto fue antes comer keto), ya que ella y David querían probarlas juntos. Con algo de náuseas, me puse detrás de ellos cuando empezaron a hablar de hacer volteretas laterales, algo que yo nunca había podido hacer. “¡Ah David, puedo enseñarte a hacer volteretas laterales! Siempre he sido muy ágil, e hice en gimnasia durante varios años. ¡Solían llamarme Ranita!”.

Mi corazón y mi cabeza empezaron a dar volteretas por su cuenta. Pasaba de pensar “¿Cómo se atreve ella?” a “¿Cómo se atreve él?”. De alguna forma, sospeché que él no tenía ni idea de cómo estaba interpretando la noche y su amistad. Lo que escribió en la tarjeta de cómo esperaba sus abrazos, los planes para montar la noria y quedarse atrapados arriba, ¡todo el mundo sabe lo que pasa arriba en la noria! El comentario sobre ser ágil; todo eso, se me vino a la cabeza mientras pedían y compartían una porción gigante papas fritas de camote.

¿Luchar o escapar?

¿Luchar o escapar? Tenía que alejarme de ella. Tenía que alejarlo de ella. Fingí estar enferma y le pedí irnos. De vuelta a casa, preguntó, algo dolido, “¿No te gustaron mis amigas?”. Durante los primeros treinta segundos traté de estar tranquila y ser objetiva, y después todo se desplomó: la tarjeta, la noria, Ranita y luego el camote frito. Si quería salir con ella, tenía que decírmelo. Estaba sorprendido. No se le había pasado por la cabeza salir con ella. Eran amigos. Quería creerle, pero ella era joven, atractiva y ágil. Yo estaba gorda.

En el centro de mis inseguridades estaba mi peso. Nunca se me ocurrió que yo fuera una joven profesional dueña de su propia casa, que estaba esforzándose por conseguir un doctorado y que disfrutaba de un éxito profesional cada vez mayor. Tenía un divertido sentido del humor que le hacía reír y era una cocinera fantástica. No tenía confianza en que yo pudiera ser la que él prefería porque, a pesar de todas las demás circunstancias, ella era algo que yo nunca podría ser. Era delgada. Ninguno de mis logros superaba mi infranqueable lucha con mi obesidad.

No tengo dudas de que esa noche en la feria Jan estaba coqueteando con mi chico. Puede que él no lo supiera, pero ella sí. Lo peor de todo es que ella sabía que yo sabía lo que estaba haciendo, y no le importaba. Me pregunto si lo habría hecho si yo hubiera tenido una talla 6. Si pudiera llevar el peso saludable que tengo ahora a aquel entonces, la noche habría terminado de manera muy diferente. Habría tenido la confianza de montar con ese chico guapo en la noria y me habría jactado alegremente de habernos quedado atrapados arriba. ¿Volteretas? Oh no, querida. Yo le habría recordado a esa ágil jovencita sobre tener respeto por sí misma y respeto mutuo de la forma más amable que solo un acento sureño puede hacer, y de camino a los camotes le habría recomendado que se desviara a las patas de pavo para alzarme con una victoria keto.

Mi peso casi arruina mi relación con el hombre que ahora es mi esposo y el padre de mis hijos porque no tenía confianza. Me faltaba confianza para hablar por mí misma, y debido a mi peso me faltaba confianza para creer que él pudiera elegirme. Mi novio nunca me rechazó por mi peso, pero me costaba creer que pudiera escogerme estando gorda.

Nuestros hijos no conocen esa parte de la historia. Se ríen y se burlan de papá porque se metió en problemas esa noche y no tenía ni idea. Ellos tampoco pueden creer que alguien trate a su madre de esa forma, o tal vez no creen que su madre permita que alguien la trate de esa forma. De cualquier forma, los niños conocen a una madre cuyos logros no se ven ensombrecidos por la lucha contra la obesidad. Conocen a una madre que se enfrenta a desafíos y no huye avergonzada.


Kristie Sullivan

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Acerca de Kristie

Kristie Sullivan comenzó una alimentación baja en carbohidratos en 2013 después de luchar toda su vida con la obesidad.

A causa de su éxito personal, empezó a ayudar a otras personas para que aprendan a hacer de la alimentación baja en carbohidratos un delicioso estilo de vida. Abrió un canal en YouTube, Cooking Keto with Kristie (Cocinando Keto con Kristie), y publicó una colección de sencillas recetas cotidianas con bajos carbohidratos que se llama Un Viaje hacia la Salud: Un viaje que vale la pena hacer.

Kristie promueve una alimentación muy baja en carbohidratos que se basa en comer limpio. También tiene una página en Facebook que se llama Simply Keto y un grupo de Facebook cerrado que se llama “Low Carb Journey to Health (Cooking Keto with Kristie)”.

Kristie vive con su familia en la hermosa región de Sandhills en Carolina del Norte. Tiene un doctorado en Investigación Educacional y Análisis de Políticas de la North Carolina State University y trabaja en asesoramiento de educación superior, evaluación, investigación y acreditación.

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2 Comentarios

  1. Marcela
    Woowwww!!
    ¡Tan real! la lucha, las inseguridades...
    Las mismas que me han perseguido toda la vida.
    Excelente testimonio, me encanta que el amor ganó sobre cualquier superficialidad posible y que además... me asegura que voy en el camino correcto con la alimentación.
    Respuesta: #2
  2. Kim Gajraj Equipo Diet Doctor
    Gracias por las amables palabras, Marcela! Las traduciré al inglés para pasar a Kristie. Le alegrará mucho saber que su artículo ha ayudado a asegurarte!

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