Cuando el cuerpo se alimenta de grasa, viajar es sencillo

Avión sobrevolando nubes

Para la mayoría de la gente que come carbohidratos, ponerse de viaje normalmente significa preparar refrigerios para el trayecto, asegurándose de tener algo para comer a mano. Cuando tomas la energía de los carbohidratos, cada pocas horas debes volver a alimentarte. Pero, ¿cuándo volverás a comer? ¿Dónde? Al viajar, nunca lo sabes seguro. Mejor ir bien abastecido.

Eso no ocurre cuando estás keto adaptado. Si no hay comida disponible fácilmente, ¡puedes acceder a tus propias reservas de grasa! Un viaje ahora es una forma impuesta externamente de incorporar el ayuno intermitente en tu vida.

Constantemente descubro cosas nuevas que me encantan sobre el estilo de vida keto. Lo fácil que es viajar es mi último hallazgo. Viajar cuando haces keto es sencillo, y también más barato.

Cuando empecé por primera vez la dieta keto hace 3,5 años, la pérdida de peso y la mejora del azúcar sanguíneo fueron por supuesto motivos suficientes para enamorarme de esta forma de vida y seguir con ella. Otros felices descubrimientos han llegado durante el camino: más energía; más claridad mental; un intestino más calmado; mejor piel; menos alergías; recuperación más rápida después del ejercicio; menos dolor articular y muscular; una mejor tolerancia al sol (curiosamente, ¡ya no me quemo al sol, me bronceo!).

Ahora puedo añadir “viajes más fáciles” a esa lista.

Viajando con una dieta keto

¿Es difícil encontrar opciones keto cuando estás de viaje? No. Puedo añadir bistec, pollo, gambas o pescado a la típica ensalada y ya está. O simplemente le pido al mesero que no me de pan o papas y añada más verduras a muchos de los platos principales.

O lo que es mejor, la libertad de no estar atada a la obligación de tener comer según un horario y la confianza de que tal vez no necesite comer nada.

Hace poco hice mi primer gran viaje internacional desde que empecé a comer keto, fui a Estocolmo para pasar una semana con el equipo de Diet Doctor. El viaje de ida fue una maratón de 19 horas en tres aviones de conexión sobrevolando nueve zonas horarias. En el pasado, eso habría dejado los ritmos y las señales para comer de mi cuerpo fuera de control. En el pasado, en la zona de salida antes de subir el avión, como todos los demás, me habría cargado de refrigerios altos en carbohidratos para ayudarme a soportarlo.

Esta vez, sin embargo, me subí al primer avión con solo dos cosas: agua con gas y almendras tostadas. El primer tramo fue un vuelo de dos horas, sin servicio de comidas, desde un aeropuerto regional hasta uno de los aeropuertos internacionales más grandes de Canadá. A mi alrededor, otras personas llevaban provisiones como si partieran para una expedición: refrescos, bolsas de papas fritas, paquetes de dulces o barras de chocolate, comidas para llevar preparadas para el vuelo de las tiendas de la zona de salidas. Ellos iban masticando, yo leyendo.

Un momento perfecto para ayunar

Tuve un escala de dos horas antes del vuelo internacional. De nuevo, eso en el pasado habría significado agarrar algo de comer y beber en uno de los restaurantes con sobreprecio y del montón detrás de las filas de seguridad mientras esperaba. Pero había desayunado bien con tocino y huevos en casa; estaba totalmente segura de que podría aguantar 24 horas antes de tener que volver a comer.

El vuelo de nueve horas cruzando el Océano Atlántico, que partió a primera hora de la tarde y voló durante la noche, tenía dos servicios de comida: una cena poco después del despegue y un desayuno unos 90 minutos antes de aterrizar.

En el pasado, la comida, aunque sea mediocre (y ¿acaso no siempre es mediocre?), me aliviaría del tedio de los viajes de larga distancia y me protegería de los retortijones de hambre mientras estuviera cautiva en el asiento del avión. Sin embargo, el servicio de comidas siempre interfiere con el tiempo de sueño, lo que amplifica la sensación de jet lag al llegar a suelo europeo. En los viajes anteriores nunca había tenido la fortaleza y confianza para rechazar la comida y dormir en su lugar.

Esta vez rechacé las comidas, y pedí que los asistentes de vuelo no me molestaran. Me puse el antifaz, los tapones para los oídos y dormí lo mejor que pude durante casi todo el vuelo mientras mis compañeros de asiento comían una lasaña vegetariana difícil de describir o una extraña combinación de albóndigas/puré de papas (cuando miré por debajo del antifaz, me puse doblemente contenta por mi elección). Fue la primera vez que me abstenía de la comida de la aerolínea. No será el última.

Cuando llegué a Zurich eran las 10 de la mañana hora local, pero las 2 de la mañana en casa. Habían pasado 18 horas desde mi última comida y 16 horas desde que salí de casa. Tenía otra escala de dos horas. ¿Debería pasar el tiempo comiendo? No, todavía estaba bien. Una taza de café con crema era todo lo que necesitaba para conseguir un impulso. Y el extra: Ahorré el costo y el cambio de divisas de tener que comprar comida en francos suizos.

Comer keto en cualquier lugar

Seguía hacia Copenhague, otro vuelo de dos horas. Llegué al centro de la ciudad a las 3:30 de la tarde hora local, a las 6:30 de la mañana de la hora de mi ciudad. Pasaron más de 22 horas desde mi última comida. De acuerdo, ahora me está entrando algo de hambre. No era el pánico de “Necesito comida ahora mismo”, sino un fuerte apetito saludable de una buena cena. Después de hacer el check in y refrescarme en mi alojamiento, me puse a buscar opciones.

Paseé por las calles peatonales del centro de la ciudad, leyendo los menús expuestos y me decidí por un hermoso patio al aire libre con una gran vista de la gente. Una ensalada de atún a la plancha y rúcula con aguacate (me dejé los arándanos) y un vaso de vino rosado dieron en el clavo. La comida sabe genial cuando has estado esperando.

Esa noche dormí bien. Al día siguiente, prácticamente no tuve jet lag. Ya me sentía en el horario europeo; no había duda de que mi estómago ya se había adaptado. Para mi billetera fue aun mejor. Antes de la cena, había gastado el equivalente a unos 10 dólares canadientes durante el viaje, otro beneficio económico por primera vez.

Durante un fin de semana en la costosa Copenhague, me mantenía fácilmente con una taza de café para el desayuno y una buena comida baja en carbohidratos al día, alrededor de las 5 a 6 de la tarde, con una copa de vino.

Este era un ayuno intermitente forzado por el viaje, y a mi cuerpo —y a mi presupuesto— les fue genial.

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Anne Mullens

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2 Comentarios

  1. Rosa
    Viajo mucho. Ahora me toca el sudeste asiatico. Casi todo es con arroz o pasta de arroz. Tendré que ayunar muchos dias para no caer en la tentacion de comer la pasta de arroz que tanto me gusta😢
    Respuesta: #2
  2. Kim Gajraj Equipo Diet Doctor
    Rosa, puedes pedirte platos de carne y verduras omitiendo el arroz. Muchas veces se puede pedir un huevo frito para hacer que la comida sea más sustanciosa sin los carbohidratos. Esta guía contiene consejos útiles sobre viajar en general cuando sigues una alimentación baja en carbohidratos.

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