Controversia y consenso en Zurich: datos científicos, individualización y corrección de la diabetes

Conferencia Zurich

Mesa redonda sobre diabetes en el Instituto Swiss Re, 17 de junio. Foto: Eric Westman.

 
¿Qué ocurre cuando un conjunto de voces prominentes de todo el mundo tiene la oportunidad de escuchar y debatir sus puntos de vista divergentes sobre la nutrición y la salud? Alerta de spoiler: no salen a puño limpio. Pero hubo docenas de observaciones mordaces, una pizca de actitud defensiva y algunas simplificaciones de más para repartir. No hay duda de que todas las reuniones en el Instituto Swiss Re sobre “la ciencia y la política de la nutrición“ y sobre “redefinir la diabetes” dejaron a todos los que asistieron o las siguieron de forma remota con mucho sobre lo que pensar.

Como compañía de reaseguros con interés en ayudar a las personas a vivir vidas más largas y saludables, Swiss Re ya había publicado un informe en 2016 desafiando el pensamiento convencional sobre los consejos nutricionales. Con el fin de tratar de abordar las polémicas actuales sobre el papel que juega la comida en la salud a largo plazo, organizaron una asamblea de cuatro días en Zurich que Fiona Godlee, redactora jefe de BMJ, calificó de “milagro”. La BMJ publicó una edición especial con artículos de acceso abierto relacionados con la asamblea, y Godlee alimentó la esperanza de que las conversaciones sobre este tema y en la asamblea puedan conseguir puntos en común. Y de hecho se logró consenso; simplemente no fue muy común.

Opiniones divergentes

Las discrepancias de pensamiento aparecieron de inmediato. La más obvia fue la división entre los que están a favor de las dietas altas en carbohidratos que limitan las grasas saturadas y la carne, y aquellos que ven las dietas bajas en carbohidratos, que a menudo incluyen grasas animales y carne, como saludables. Dos inquietudes relacionadas polarizan estas facciones: los efectos de las grasas saturadas y los efectos de los carbohidratos en la salud.

Primero, la grasa saturada. La epidemióloga de Cambridge, Nita Forouhi, tuvo la ingrata tarea de tratar de lidiar con este tipo de ciencia —y las perspectivas competitivas del epidemiólogo de Harvard, Walter Willett, y el autor, Gary Taubes— y conseguir una visión coherente. Todos los participantes, incluido Ronald Krauss, un investigador de cardiopatias que no asistió, estuvieron de acuerdo en que las grasas transgénicas son malas, el omega-3 es bueno y limitar la grasa total es innecesario.

En cuanto a los efectos en la salud de las grasas saturadas y la importancia de los niveles de colesterol de las LDL, las interpretaciones de la ciencia se mantuvieron divididas, sin acuerdo a la vista. Esta falta de claridad tiene implicaciones importantes para los consejos alimentarios. Si no hay una razón científica sólida para restringir las grasas saturadas, entonces no se pueden describir con precisión como “no saludables” las dietas bajas en carbohidratos que permiten su uso.

Panel 1Los especialistas debaten sobre puntos donde hay polémica y consenso en torno a las dietas bajas en carbohidratos y altas en grasas. Instituto Swiss Re, 14 de junio. Foto: John Schoonbee.

 
En los referente a los carbohidratos, la científica de la nutrición, Jennie Brand-Miller, sorprendió a la audiencia al reconocer que no hay “un requisito mínimo conocido” de carbohidratos en la dieta. Aunque finalmente concluyó que la mejor dieta era una basada en alimentos “de bajo índice glucémico” —un enfoque que incluiría dietas bajas en carbohidratos— argumentó que las dietas bajas en carbohidratos eran “complicadas” y “difíciles de seguir”. El testimonio de personas en la audiencia que revirtieron la diabetes de tipo 2 con estas dietas demostró que no tiene por qué ser así.

Otras líneas divisorias fueron más sutiles, pero estuvieron estrechamente relacionadas con el debate sobre “grasas saturadas y carbohidratos”. Estas divisiones fueron sobre lo que ciencia responde a las preguntas acerca de la relación alimentación-enfermedad. Estaba claro que las conclusiones a las que llegaba una persona según el “conjunto de las pruebas” dependían de la consideración que tuviera sobre el tipo de ciencia que proporcionaba los datos.

Las carencias de la ciencia de la nutrición

El científico de Stanford y constante crítico de la investigación deficiente, el profesor John Ioannidis, habló sin tapujos de las deficiencias de la ciencia de la nutrición y concluyó que muchos hallazgos eran “incompatibles con la lógica” y que la mayoría de las pruebas a nivel poblacional eran “totalmente parciales y poco confiables”. Su última diapositiva se puede ver a continuación:

Presentación Iaonnidis

El profesor Ioannidis destacó las limitaciones de los estudios observacionales y también expresó su preocupación por los ensayos clínicos, utilizando el estudio PREDIMED, recientemente retirado, como ejemplo.

Con eso en mente, podría parecer razonable pensar lo que el médico del Reino Unido, David Unwin, preguntó a la mesa redonda: cómo se podría encuadrar en este marco las experiencias de los médicos que tratan la diabetes con dietas terapéuticas. Esto fue rechazado por Dariush Mozaffarian, de Tufts, como “el peor tipo de prueba observacional”, y Willett defendió la marca de Harvard planteando cuestiones de sostenibilidad ambiental, pero otros ponentes apuntaron que la ciencia de la nutrición debería prestar más atención a las personas, en lugar de menos.

PresentDariush Mozaffarian presenta las “dietas saludables” desde la perspectiva de la epidemiología nutricional: ¿parcial y poco confiable? Foto: John Schoonbee.

 
Una de las áreas claras de consenso fue que las dietas deben ser individualizadas. En sus estudios sobre el microbioma en el King’s College London, Tim Spector ha demostrado cómo, incluso en gemelos, las reacciones a los alimentos pueden diferir de forma drástica. Otros ponentes hablaron sobre cómo los recursos económicos, tradiciones alimentarias y preferencias culturales pueden influir en qué dieta “funciona” para una persona en particular. El énfasis en las diferencias individuales indica que una dieta “única para todos” promovida en las guías dietéticas nacionales no es probable que sea adecuada para todos, y puede ser, como el cardiólogo y epidemiólogo Salim Yusuf argumentó, que se necesiten estándares de datos científicos mucho más altos antes de que tales consejos se “impongan” a una población.

Para las personas que tienen dificultades con la intolerancia a la glucosa, el exceso de peso o la resistencia a la insulina, puede ser necesario un enfoque completamente diferente —o mejor dicho— una variedad de enfoques.

Corregir la diabetes de tipo 2

Este es otro punto importante de consenso: corregir la diabetes de tipo 2 es posible, y hay muchas formas de hacerlo. Pero lo que todas estas formas tienen en común es que comienzan limitando los almidones refinados y el azúcar.

<img src="Presentación TaylorEl Dr. Roy Taylor defiende corregir la diabetes de tipo 2 con la alimentación. Instituto Swiss Re, 14 de junio. Foto: John Schoonbee.

 
El ensayo DIRECT de Roy Taylor dio a la “corrección de la diabetes” una respetabilidad generalizada que no tenía antes. Usando una dieta muy baja en calorías, Taylor demostró que podía “cortarle la cabeza” al círculo vicioso de la resistencia a la insulina y la producción de insulina que causa la diabetes de tipo 2. Por supuesto, para Sarah Hallberg y Stephen Phinney de Virta Health, esto era más que sabido. Su dieta cetogénica individualizada ha demostrado resultados destacables en retirar la medicación a personas con diabetes y normalizar los niveles de HbA1c.

Megan Ramos, del programa Intensive Dietary Management, mostró resultados similares con un enfoque de ayuno intermitente individualizado, que dice que funciona bien para personas con ingresos limitados, restricciones físicas, habilidades mínimas en la cocina o apegos emocionales o culturales a alimentos con carbohidratos.

Otro aspecto en el que están de acuerdo: no es necesario perder peso para conseguir espectaculares resultados. Al reducir los carbohidratos, se pueden dejar los medicamentos en semanas o incluso días, mucho antes de que se observe una pérdida de peso significativa. Hallberg ve la pérdida de peso como un “efecto secundario” en lugar de un objetivo, una nota de esperanza para aquellos que tienen problemas con la báscula, pero aun así quieren evitar las complicaciones dañinas de la diabetes. A medida que aumentan las tasas mundiales de diabetes, esto puede ser lo que más se necesite: esperanza.

Debido a que ambas partes tienden a exagerar las fortalezas de sus posiciones e ignorar las debilidades, la asamblea fue en ocasiones frustrante. Aun así, la carga probatoria se ha desplazado. El argumento de que la grasa saturada debería ser reemplazada por aceites vegetales ha sido el mayor obstáculo para aceptar como saludables las dietas de alimentos naturales bajos en carbohidratos. Pero sin un consenso científico claro que manifieste que la grasa saturada no es saludable, los investigadores académicos que ignoran las experiencias personales de personas que han recuperado su salud con esas dietas ahora deben ser los que justifiquen su constante insistencia en esa postura.

Hay que felicitar al Instituto Swiss Re por dejar esto claro: el papel de la ciencia de la nutrición, en todas sus formas, es ayudar a las personas reduciendo, y no aumentando, las barreras para mejorar los resultados de salud. Se debe priorizar la promoción de la esperanza para corregir la diabetes de tipo 2 y aumentar la elección del paciente para lograr este objetivo por encima de la defensa de dogmas anticuados que no satisfacen las necesidades del público.
 

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