Botando la basura

Cubo de recliclaje

Habiendo sido una persona con muchísimas dificultades para caminar desde un estacionamiento hasta una tienda, hasta el punto de pensar en pedirle a mi médico una pegatina de estacionamiento para discapacitados, ahora disfruto de dar un paseo por mi barrio cada vez que puedo. Excepto los miércoles. No me gusta caminar los miércoles.

El miércoles es el día de recogida de basura. No es la vista o el olor de la basura lo que me resulta particularmente desagradable, son los cubos de reciclaje. Esos contenedores están llenos de cajas de pizzas, cartones de helado y cajas vacías de cereales bajos en grasa. Mis vecinos son en su mayoría gente amable y maravillosa, pero también devoran carbohidratos.

Antes de que me acusen de ser crítica, permítanme describir mi propio cubo de reciclaje que veían mis vecinos antes de empezar a comer bajo en carbohidratos y alto en grasas. Botellas de Pepsi vacías, botellas de Pepsi dietética, cheerios de cereales integrales bajos en grasa, galletas saladas bajas en grasa, barras de granola y cajas de waffles congelados bajos en grasa. Estos cuatro últimos eran los alimentos “saludables” que les daba a mis hijos mientras crecían. Los pediatras dijeron que les diéramos a los niños Cheerios integrales bajos en grasa porque esos cereales les ayudaban a desarrollar habilidades motoras finas.

Cuando nuestra hija tenía tres años, sus doctores nos echaban grandes reprimendas porque su peso aumentaba exponencialmente. Había pasado de ser un bebé prematuro cuyo peso no figuraba en la tabla de crecimiento, a una niña obesa cuyo peso estaba fuera de la tabla de crecimiento, y fue mi culpa. Los pediatras nos dijeron: “¡No más jugo!”. Así que no tomó jugo, solo agua. “¡Que tome leche descremada!”. Así lo hicimos. “¡Dale solo alimentos bajos en grasa!”. Todas las mañanas tostaba un waffle congelado bajo en grasa, lo untaba con mantequilla de maní baja en grasa (con jarabe de maíz con alto contenido de fructosa), una cucharada de mermelada de uva sin grasa y alta en azúcar y lo remataba con un segundo waffle tostado. Se comía ese waffle en el coche de camino a la guardería. Llenaba diligentemente su taza de viaje con leche descremada para que bebiera.

Mi hija siempre tenía hambre, y yo pensaba que tenía el mismo metabolismo horrible que yo. Las madres cometemos multitud de errores incluso cuando nos esforzamos mucho. Desde que tenía cuatro años, empaqué sus almuerzos, queso bajo en grasa, embutido magro en pan bajo en grasa y fruta. Untaba el brócoli en un aderezo ranchero casero bajo en grasa. Una maestra de prescolar criticó una vez su almuerzo y le dijo que no debía comer queso alto en grasa. Fue la única vez que solicité una reunión con el director de prescolar.

Comenzó a darme miedo llevarla al pediatra para las consultas rutinarias porque a los médicos siempre les preocupaba su peso. Nos decían: “¡Apúntala a deportes!”. Lo hicimos. Probamos el fútbol, la natación y una clase de fitness para niños en el gimnasio. Ella continuó ganando peso más rápido que sus compañeros. Disfrutaba nadando, pero descubrimos que estaba hambrienta después. Le daba fruta. “¡Nada de gaseosas!”, dijo el pediatra. Ella fue la ÚNICA niña en la fiesta de fin de año de la guardería que voluntariamente tomaba agua en vez de gaseosas. También era la única niña que tenía sobrepeso.

Mientras planificaba las comidas para la familia, me esforzaba por darle las “5 al día” de frutas y verduras, a menudo recurriendo en frutas enlatadas debido a nuestra apretada agenda. Cuando podía, iba al mercado de agricultores y compraba sandía y melón. Casi siempre teníamos manzanas, plátanos y uvas a mano. No tenía idea de que la fructosa y las frutas enlatadas azucaradas perpetuaban el problema.

Cuando pienso en los alimentos que solía comprar, me avergüenzo. Las ofertas de palitos de pollo congelados y comidas congeladas magras eran los alimentos básicos. Les daba de comer papas fritas congeladas y perritos calientes con pan y kétchup, mucha salsa de tomate. Comían los no tan felices Happy Meals cuando íbamos apurados. Las pizzas, congeladas o a domicilio, no eran una opción infrecuente. Añadía una fruta y algo de brócoli crudo o zanahorias con salsa ranchera para que comiera esas opciones “saludables” de “5 al día”. No sabía hacerlo mejor.

¿Podía la alimentación baja en carbohidratos ayudar?

Después comencé una dieta baja en carbohidratos muy estricta, también mi esposo. Sabíamos cómo se había domesticado nuestra hambre y con qué facilidad parecía desaparecer el peso. Me preguntaba si también ayudaría a mi hija. Tenía solo 9 años cuando empecé y 10 cuando pensé que era una opción para ella. Recordé todas las “dietas” y la restricción de alimentos que aguanté de niña y me debatí sobre la forma de ayudarla.

Ella necesitaba saber lo que yo sabía. Necesitaba empoderarse para tomar sus propias decisiones. Estaba entrando en un momento en el que la imagen corporal se vuelve importante, y ya había aguantado que la avergonzaran por su peso. Solo podía ayudarla apoyándola. Necesitaba saber que yo estaba de su lado. Decidí ayudarla de tres formas. Primero, le ayudaría a aprender lo que yo aprendí. Segundo, le proporcionaría deliciosas comidas para que nunca se sintiera privada. Tercero, le daría libertad para elegir. Mi corazón de madre estaba preocupado.

A pesar de que ella era una niña de diez años bastante precoz, sabía que necesitaba algo que fuera fácil de entender y que proporcionara ejemplos concretos. Hacerlo tenía que ser idea suya. Acababa de leer el libro del Dr. Davis, Sin trigo, gracias. Le enseñé mi libro, y le sugerí que tal vez le interesaría leerlo.

Cuando menos, tenía algunas recetas interesantes. Ella podía elegir algo que le gustara. Dejé el libro en su habitación y no volví a hablar de él. Lo leyó. Una semana después, me dijo que lo había leído. También me dijo que quería probar a medirse la glucosa en sangré. Le enseñé cómo. Las dos estábamos sorprendidas por la cifra. Saber que su abuela es diabética le dio una motivación extra: “Mamá, quiero probar esto”. Claro, mi niña. Por supuesto.

Ella se unió al viaje y se sorprendió de lo mucho mejor que controlaba el hambre. Continuó controlando la glucosa en sangre, así que le compré un glucómetro. Nunca le pedí que se pesara. Se pesaba de vez en cuando, pero siempre respeté su privacidad y nunca le controlé el peso.

Kristie con su hija

Kristie con su hija

Guiarle en la comida no siempre fue fácil. Hubo momentos en los que le hice “sugerencias” y momentos en los que simplemente no dije nada. Mi tarea consistía en crear recetas que evitaran que se sintiera privada y brindarle buenas opciones para cuando estaba con sus amigos, ¡todos los cuales parecen engullir alimentos envasados y usan las tallas de ropa más pequeñas disponibles! En su última visita, su pediatra me dijo: “¡Estoy contento con su peso! Su constitución no es de ser muy delgada, pero está en una buena franja”. A mi hija le dijo: “¡Estás sana, eres inteligente y genial en todos los sentidos!”. ¡Por fin el doctor dio con el diagnóstico correcto!

Cuando paso al lado de los cubos de reciclaje los miércoles, las cajas de cereales bajas en grasa me atormentan un poco. Junto con las cajas de pizza me recuerdan todas las comidas que no entendía. Los cartones de helado me llevan de vuelta a los batidos que solía hacer los viernes para “celebrar” el fin de semana. Niego con la cabeza mientras rodeo el barrio y vuelvo a mi propio cubo de reciclaje. Mira lo que hay allí ahora. Un bote de aceite de coco vacío acompañado de una caja de cartón de crema para batir. ¡A veces me pregunto qué piensan de nosotros esos vecinos que devoran carbohidratos!

Kristie Sullivan

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Acerca de Kristie

Kristie Sullivan comenzó una alimentación baja en carbohidratos en 2013 después de luchar toda su vida con la obesidad.

A causa de su éxito personal, empezó a ayudar a otras personas para que aprendan a hacer de la alimentación baja en carbohidratos un delicioso estilo de vida. Abrió un canal en YouTube, Cooking Keto with Kristie (Cocinando Keto con Kristie), y publicó una colección de sencillas recetas cotidianas con bajos carbohidratos que se llama Un Viaje hacia la Salud: Un viaje que vale la pena hacer.

Kristie promueve una alimentación muy baja en carbohidratos que se basa en comer limpio. También tiene una página en Facebook que se llama Simply Keto y un grupo de Facebook cerrado que se llama “Low Carb Journey to Health (Cooking Keto with Kristie)”.

Kristie vive con su familia en la hermosa región de Sandhills en Carolina del Norte. Tiene un doctorado en Investigación Educacional y Análisis de Políticas de la North Carolina State University y trabaja en asesoramiento de educación superior, evaluación, investigación y acreditación.

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